«BITE ME»: Reneé Rapp quiere morder, pero a veces se contiene

Reneé Rapp lanza su segundo álbum de estudio, BITE ME, tras casi dos años desde la edición extendida de Snow Angel. En ese tiempo, la hemos visto transitar desde las baladas delicadas y confesionales de su debut hasta abrazar una imagen más rebelde tras su paso por Mean Girls, donde además de protagonizar el remake, lanzó junto a Megan Thee Stallion la explosiva Not My Fault.

Ese contraste entre lo dulce y lo desafiante define también la esencia de BITE ME. El disco quiere ser un statement: Reneé como una figura provocadora, descarada, queer, emocionalmente rota pero con brillo de estrella pop. Aunque tan solo en algunos momentos, lo consigue.

Leave Me Alone, el tema que abre el álbum, es una declaración de intenciones. Guitarras pop-rock, producción limpia y actitud desafiante. Funciona como carta de presentación y punto de partida: aquí no hay espacio para complacer a nadie. Es directa, irónica y encantadoramente malcriada. Lamentablemente, esa energía no se mantiene durante todo el recorrido.

A medida que avanza el disco, Reneé vuelve a un terreno más seguro, el de las baladas pop con guiños al R&B. Su voz, impecable como siempre, brilla sobre producciones suaves, pero muchas de estas canciones se sienten previsibles y demasiado similares entre sí. Sometimes o I Think I Like You Better When You’re Gone rozan lo acústico y lo introspectivo, pero se quedan planas, sin dirección clara ni la intensidad emocional que prometen.

A nivel sonoro, BITE ME se mueve entre el pop-rock de inspiración ochentera y el pop contemporáneo. Al escucharlo es inevitable pensar en artistas de su generación como Olivia Rodrigo o Chappell Roan, pero sin una identidad del todo definida. Se nota que Reneé está probando caminos, buscando dónde asentarse sin perder su esencia desafiante.

Donde el disco realmente encuentra fuerza es en las canciones donde no se lo toma tan en serio. Kiss It Kiss It es provocadora, explícita, y con una carga sexual que rompe con los moldes más convencionales del pop romántico. Y At Least I’m Hot es, quizás, su momento más genuino: un tema en el que reconoce su caos emocional con ironía y una autoestima impostada que se vuelve himno. “If I can’t be happy, then at least I’m hot” no es solo una frase pegajosa, es una declaración de supervivencia emocional.

BITE ME es un disco que revela tanto como esconde.

Es evidente que Reneé Rapp tiene el carisma, la voz y la visión para ser una figura relevante en el pop actual. Pero también está claro que aún no ha terminado de encontrar el punto exacto entre su sensibilidad emocional y su personaje público. Cuando se permite ser sarcástica, vulnerable y queer sin filtro, resulta magnética. Pero cuando suaviza demasiado, pierde matices.

En definitiva, BITE ME es un paso interesante en el camino de una artista con muchísimo potencial. No es un álbum redondo, pero sí uno que deja claro que Reneé Rapp no ha dicho su última palabra. Y probablemente, lo mejor de ella aún está por venir.

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