Haute & Freddy debutan con «Big Disgrace», pop teatral y ochentero

Haute & Freddy dan el salto definitivo con Big Disgrace, su álbum debut, tras haber pasado años componiendo para otros artistas dentro de la industria. Entre sus créditos destaca su participación en Never Really Over de Katy Perry o Magic de Kylie Minogue, una pista que ya anticipaba su talento para construir hooks inmediatos y efectivos.

Ahora, como proyecto propio, se presentan con una propuesta que mezcla espectáculo, identidad y una clara ambición pop.

Pop teatral con ADN ochentero

El disco se apoya en un imaginario muy concreto: una estética barroca, excesiva y profundamente teatral. Haute & Freddy entienden el pop como una performance completa, donde imagen y sonido van de la mano. Sus referencias son claras y están bien integradas: desde Cyndi Lauper hasta David Bowie o Kate Bush, pasando por una conexión evidente con la sensibilidad actual de Chappell Roan.

Lejos de quedarse en la nostalgia, Big Disgrace toma esos códigos y los reinterpreta con intención. Es un disco de synth pop muy cuidado, donde cada canción está pensada para impactar desde la primera escucha, sin perder coherencia ni caer en el exceso descontrolado.

Himnos para los “raritos”

Uno de los grandes aciertos del álbum es su discurso. Haute & Freddy construyen un proyecto que abraza lo diferente, lo incómodo y lo que queda fuera de la norma. Freaks es el mejor ejemplo: una oda directa a quienes se sienten excluidos, a esa gente “rarita” que cree que no encaja, pero que encuentra en el pop un espacio de pertenencia.

Este tema cuenta con un videoclip que hasta puede llegar a recordar al Thriller de Michael Jackson. Ese momento de la noche en el que salen los monstruos a divertirse.

Esta idea atraviesa todo el disco y culmina en I Like My People Weird, un cierre que refuerza ese mensaje de forma explícita.

Otros temas como Dance The Pain Away aportan el contrapunto emocional: una invitación a bailar para soltar el dolor, con un sonido synth pop brillante y pensado para conectar de forma inmediata, creando un recorrido de lanzamiento de singles prácticamente brillante.

Un debut sólido con identidad propia

Big Disgrace funciona porque tiene claro lo que quiere ser. No es un ejercicio de estilo vacío, sino un debut con narrativa, intención y canciones realmente efectivas. El disco mantiene el ritmo y demuestra una gran capacidad para equilibrar humor, emoción y espectáculo, aunque contenga algún que otro relleno como Femme Hysteria o Sophie.

En algunos momentos su sonido puede resultar algo repetitivo, y es inevitable compararlos con el impacto actual de Chappell Roan, lo que podría hacer que queden algo eclipsados en el corto plazo. Aun así, el potencial está ahí: Haute & Freddy aportan frescura en un panorama cada vez menos arriesgado y firman un debut que no suena a inicio, sino a declaración de intenciones.

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