La evolución y el éxito de Kehlani es de esos casos que quizá no te esperabas del todo, pero que tampoco sorprenden. Su nuevo álbum, homónimo, y quinto trabajo de estudio, no es solo otro capítulo dentro de su discografía, sino una especie de revisión consciente de todo su recorrido.
La clave está en el cambio de enfoque: donde antes dominaba el dolor, ahora el eje gira en torno a la alegría, la sanación y el cierre de ciclo.
Una declaración de intenciones desde la intro
Esto queda claro desde el primer track. La intro abre con un poema en el que Kehlani habla directamente al oyente sobre el crecimiento personal y sus distintas formas. Va adelantando los tonos del disco: desamor, renacimiento, sanación, y termina dejando una idea muy clara: “I am Kehlani”. El mensaje es directo: se viene un álbum profundo, emocional y muy consciente de sí mismo.
Kehlani siempre ha reivindicado el R&B más clásico, ese que dominaba a principios de los 2000, y eso probablemente ha hecho que durante mucho tiempo no haya terminado de encajar en el mainstream. En este disco no solo lo mantiene, sino que lo dignifica y lo pone en primer plano con una instrumentación muy cuidada, llena de arreglos y melodías bien trabajadas. Y, por supuesto, con una voz impecable que es sin duda de lo mejor del álbum.
Folded, su mayor hit hasta la fecha, con el que ganó dos premios Grammy en la última ceremonia (Mejor interpretación R&B y Mejor canción R&B), destaca claramente dentro del álbum. Es el punto más alto y lúcido del tracklist, y aunque el resto de canciones se mueven en esa misma línea, no todas alcanzan ese mismo nivel de brillantez, aunque Out The Window se le queda muy cerca.
Cuando el dolor deja de ser el centro
A nivel lírico, el disco atraviesa la pregunta : ¿y si el trauma no tiene que ser lo que define a un artista? Aquí Kehlani deja de exprimir el dolor como motor creativo y se centra en qué ocurre cuando ya has sanado (o estás en ello). Y eso, aunque pueda parecer menos intenso, es más difícil de convertir en música que funcione.
No es que abandone la emoción de sus trabajos anteriores, sino que cambia la raíz desde la que la aborda. Ya no hay tanto dramatismo o catarsis, sino más autoconciencia, nostalgia e incluso momentos de celebración.
De referentes a colaboradores
Las referencias musicales también son claras. Kehlani ha conseguido colaborar con artistas muy respetados dentro del R&B y el hip hop, muchos de ellos seguramente parte de sus primeras influencias. Desde nombres clave dentro del hip hop como Missy Elliott, Clipse o Lil Wayne, hasta figuras muy respetadas del R&B como Usher o Brandy.
La colaboración con Brandy en I Need You es uno de los momentos más elegantes del disco: un cruce de voces delicado que, sin ser especialmente sorprendente, funciona muy bien y Shoulda Never, junto a Usher, se posiciona como un buen ejemplo de ese R&B que hace 15 años habría sido un hit claro.
En general, las colaboraciones suman y no están ahí por casualidad: los referentes de Kehlani se convierten aquí en compañeros de viaje.
Ninguna canción destaca de forma abrumadora más allá de Folded, pero todas contribuyen a una atmósfera muy cohesiva que aporta al álbum esa magia y esa sensibilidad que no es fácil de conseguir.
En conjunto, Kehlani demuestra que es completamente capaz de hacer y reivindicar un R&B de calidad sin necesidad de sonar rota o excesivamente dramática. En este álbum deja claro que sabe recuperar los ecos del género de principios de los 2000 sin caer en lo repetitivo, encontrando un equilibrio entre la nostalgia y la evolución con una personalidad muy clara y marcada.





