La fiesta boricua más grande junto a Bad Bunny en Madrid

Al igual que en 2024 el gran evento musical de la ciudad de Madrid fue el paso de The Eras Tour de Taylor Swift, este año le ha tocado al otro gigante a nivel de ventas: Bad Bunny, llegando a acumular 10 estadios Riyadh Air Metropolitano, más 2 Estadi Olímpic en Barcelona previos. Una completa locura si te paras a pensar en todo lo que eso conlleva.

En la segunda noche de su paso por la capital, empezó en el escenario principal de manera tranquila, relajada y tropical, aunque con algún que otro fallo de sonido, ya que su voz se escuchaba muy baja durante las dos primeras canciones. Estuvo acompañado de su banda y de Los Pleneros de la Cresta, quienes hicieron que durante gran parte del show esa reivindicación por su isla y esas ganas de dejar el nombre de Puerto Rico por todo lo alto se sintieran todavía más presentes, muy acorde al concepto de su último álbum, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, con el que consiguió hacerse con el Grammy a Álbum del Año.

Con una intro en la que dejaba muy claro de dónde venía gracias a LA MuDANZA y una versión salsa de Callaíta, el público empezó a entrar en calor, más si era posible, porque los más de 30 grados ya se hacían notar en el estadio. No sorprendió que empezase con sus canciones más salseras y tropicales, acompañadas perfectamente por la luz de día que todavía quedaba a eso de las ocho de la tarde, terminando la sección con NuevaYol, esa canción que no está aprobada ni de lejos por Donald Trump ni sonará demasiado en directo en Estados Unidos, más allá de la increíble Super Bowl que dio hace tan solo cuatro meses.

Bad Bunny en Madrid durante su gira DeBÍ TiRAR MáS FOToS / Foto: Christian Bertrand para Live Nation

Fiesta, famoseo, temazos y polémicas por La Casita

Después pasó al otro lado del estadio. «La casita» parte de un concepto muy interesante y totalmente ligado al del álbum, impregnado de orgullo boricua y de ese miedo a perder las raíces. La inspiración viene de las típicas casas puertorriqueñas de barrio o pueblo: construcciones pequeñas de cemento, colores vivos, techo plano, sillas de plástico, verja metálica y patio delantero. Son casas muy reconocibles para cualquier persona criada en Puerto Rico o en el Caribe, aunque llevado a la práctica en los shows puede resultar bastante cuestionable y contradictorio teniendo en cuenta el personaje que se ha labrado de hombre deconstruido, especialmente en los últimos años. También hay que resaltar que nadie le acusaba de cantar letras explícitamente misóginas allá por 2017, cuando Bad Bunny era tan solo un trapero emergiendo a la fama y su público era mayoritariamente masculino. Ahora que su público abarca a todo el mundo es cuando le señalan con el dedo. Pero lo importante es que allí la gente había ido a bailar y a disfrutar de la fiesta, sin darle más vueltas al asunto. Porque sí, se puede hacer crítica y disfrutar del show a partes iguales.

En esta parte del set, rodeado de celebridades como Los Javis o Judeline y alguna que otra persona del público, empezó la verdadera fiesta. Sonaron temas como Tití Me Preguntó, Neverita o Voy a Llevarte Pa PR, una de nuestras canciones favoritas en español de 2025 y con la que es imposible no perrear y dejarse llevar por la música. Antes de empezar, dos fans soltaron el mítico “ACHO PR ES OTRA COSA” al micrófono. Al final, eso era exactamente a lo que las 60.000 personas que estábamos allí habíamos ido: disfrutar de una fiesta colectiva, sentir ese sentimiento boricua como si estuviésemos en su isla, pasarlo bien y gozar de los temazos que lleva cosechando desde hace casi una década.

Los interludios se hicieron muy largos. Sí es verdad que tardaría en llegar hasta el otro lado del estadio para ir a La Casita, pero las pausas entre cambios de escenario duraron alrededor de 10 minutos, algo bastante recortable. También sobró mucho tiempo cuando, antes de empezar el set lleno de baile y perreo mencionado, se puso a saludar, hablar y abrazar fans durante casi 20 minutos con el micrófono desactivado. El estadio solo escuchaba el ruido que generaba el propio público. Momento bastante mejorable, ya que ahí el show bajó muchísimo el ritmo. Menos mal que los temazos que vinieron después volvieron a levantarlo y encauzarlo.

Para los fans de sus primeros trabajos, la mitad del set en La Casita fue todo un regalo. No Me Conoce, Bichiyal y Yo Perreo Sola, en la que animaba a las mujeres a bailar y perrear sin pensar de más, Efecto, Safaera y Diles llegaron del tirón. Aquello era un no parar de sentir el perreo recorriéndote las venas, acompañado de fuego y alguna que otra pirotecnia. Imposible no gozarlo.

Una canción sorpresa que no acompañó

Llegó entonces el momento más esperado de la noche: la canción sorpresa. A través de la enorme pantalla frontal anunció, como en cada show, que esa canción sería única de esa noche y no se volvería a repetir. En Barcelona salió Bad Gyal, en Lisboa Sech, y en la primera noche de Madrid Myke Towers. El listón estaba alto, y mayor no pudo ser el chasco cuando empezó a sonar TELEFONO NUEVO y apareció Luar La L. Una canción que pasó bastante desapercibida dentro del disco menos exitoso de toda su carrera. En las gradas la gente empezó incluso a sentarse cuando Luar La L arrancó su set solista y comenzó a cantar, (si a eso se le puede llamar cantar), ya que eran pistas de audio superpuestas a su voz, temas como Side Bitch y No Te Quieren Conmigo.

Bad Bunny encontró su mejor versión bajo las luces de la noche

Todo mejoró en el momento en el que se fue por completo el sol. Sin duda, el show gana muchísimo de noche, haciéndote sentir ya en una fiesta latina en pleno corazón del Caribe. Los Pleneros de la Cresta, que acompañaron muy bien gran parte del concierto y aportaron esa raíz más puramente boricua, empezaron a cantar CAFé CON RON. Todo el público estaba dentrísimo y realmente parecía que estabas en unas montañas de Puerto Rico al ritmo de la plena más profunda de la isla.

Bad Bunny volvió al escenario principal para empezar a despedir el show al ritmo de la romántica Ojitos Lindos, aunque uno de los picos de emotividad de la noche llegó con La Canción junto a J Balvin, quien creemos que mucha gente hubiese preferido para compartir escenario antes que a Luar La L, y Yonaguni, canciones que es imposible escuchar sin transportarte automáticamente a un verano en la playa.

Un perreo con lágrimas en los ojos

El final fue lo mejor, aunque con un orden algo extraño. Como diría Dua Lipa, llegó la hora del “dance crying”, porque con una energía desbordante interpretó a oscuras El Apagón, acompañado únicamente de fuego y un grupo de bailarines con la energía por las nubes. Puerto Rico está cabrón, como dice la canción, y él también. Fue un auténtico subidón escuchar y bailar esos versos rodeado de 60.000 personas.

Luego llegó el momento de la lágrima, con un discurso en el que abogaba por disfrutar cada pequeño momento del día, incluso aquellos que parecen insignificantes, porque todos importan y todos suman. Hay que disfrutar cada instante con la gente que tienes alrededor y también por quienes ya no están, decía. Benito Antonio, agradecidísimo con la ciudad de Madrid y con su público después de siete años sin pisar España, dedicó DeBÍ TiRAR MáS FOToS a sus fans, lo que se sintió como un abrazo colectivo, una llamada a la unión y al sentimiento de pertenencia de una comunidad, en su caso la latina.

A ese momento le siguió el perreo intenso y casi diabólico de EoO, el gran cierre del show y nuestra última oportunidad de perrear con él, como bien comentó. Uno de los grandes temazos del disco y hasta algo infravalorado, diríamos. De estar llorando se pasó a un subidón absoluto en el que todo el estadio saltaba y coreaba “perreo baby, tra-tra baby, en la disco, baby, hasta abajo, baby”.

El show no pudo terminar más por todo lo alto, con un Bad Bunny completamente entregado a su público y reivindicando una cultura que se siente reprimida y condicionada por las políticas de Estados Unidos. Su misión la cumplió: poner a todo un estadio a disfrutar, bailar y olvidarse de todo lo que pasaba fuera del recinto. Con pequeños fallos de dinamismo y algunos problemas de sonido al principio, consiguió compensarlo al completo con su energía y sus temazos.

La música y los conciertos, a veces, simplemente están para pasarlo bien y, pese a que DeBÍ TiRAR MáS FOToS sea un álbum muy político y reivindicativo, en el show lo único que se quería era bailar y disfrutar del momento. Benito Antonio lo logró con creces, y esos 10 sold out en el Riyadh Air Metropolitano los tiene más que merecidos. Esperamos que su vuelta no se haga tanto de rogar.

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