Lizzo llena de contradicciones en «BITCH»

Lizzo ha lanzado su quinto álbum de estudio, BITCH, después de publicar el año pasado My Face Hurts From Smiling, un mixtape repetitivo, lleno de clichés y, sin duda, Sin duda, el peor álbum pop del 2025, y nos atreveríamos a decir que también de los últimos 5 años fácilmente.

El concepto de BITCH gira alrededor de reapropiarse de la palabra y convertir un insulto dirigido a las mujeres a las que se las sexualiza por el simple hecho de existir y ser, en una declaración de confianza, autoestima y poder personal. Lizzo ha explicado que el título representa usar la palabra en sus propios términos y conecta directamente con su ya icónica frase de Truth Hurts: “I’m 100% that bitch”.

Contradicciones constantes entre el concepto y las letras

Sin embargo, el álbum está lleno de contradicciones. Tan pronto empodera a las mujeres que han sido juzgadas, sexualizadas o tratadas injustamente a lo largo de su vida, es decir, a prácticamente todas, como cae en discursos que chocan con ese mensaje.

El claro ejemplo es She Stole My Man, una canción en la que Lizzo fantasea con un hombre que ni siquiera la conoce y, cuando descubre que está saliendo con otra mujer, dirige toda su frustración hacia ella, acusándola de haberle robado a «su hombre» y diciendo claramente que «odia a esa perra». Una idea que encaja regular con el discurso de sororidad y apoyo entre mujeres que intenta transmitir con el título del álbum.

Las contradicciones siguen en Whose Hair Is This, donde deja salir su lado más celoso e inseguro dentro de una relación. La canción arranca cuando encuentra un pelo en la cama que no pertenece a ninguno de los dos, lo que le hace pensar automáticamente que su pareja le está siendo infiel. Sentir celos es algo completamente normal, pero vuelve a chocar con esa imagen de mujer fuerte, segura e independiente que intenta vender desde el propio título del disco y en canciones como la que le da nombre al proyecto.

Tintes de la Lizzo de 2019, aunque sin hits

Musicalmente, BITCH se mueve entre el pop, el R&B y el soul sureño, especialmente en temas como Little Black Cat. También recupera sonidos más del pop ochentero en canciones como That GRRRL o el lead single Don’t Make Me Love U, donde vemos algunos guiños a la Lizzo de 2022 con Special. Por otro lado, también hay espacio para ritmos más cercanos al trap en temas como Sexy Ladies.

El principal problema del álbum es que no tiene ningún hit instantáneo. Le falta pegada a los estribillos y prácticamente ninguna canción engancha desde la primera escucha, más allá del lead single, y tampoco demasiado. A eso se suma una dirección conceptual algo difusa por todas las contradicciones que aparecen entre el mensaje que Lizzo quiere transmitir y lo que realmente cuentan la mayoría de las canciones.

En general, casi todos los temas se quedan un paso por detrás de lo que podrían haber sido. Aun así, se agradece que Lizzo haya vuelto a apostar por el pop y haya dejado más de lado la faceta rapera de su último mixtape, que sigue siendo, de largo, su trabajo más irrelevante hasta la fecha.

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