Niall Horan regresa con Dinner Party, su cuarto álbum de estudio y vuelve a apostar por el pop guitarrero que ha marcado su carrera en solitario, esta vez con un disco romántico, sencillo y muy fácil de escuchar.
Un álbum que nace de una etapa mucho más tranquila
El título del álbum hace referencia a la cena en la que Niall Horan conoció a su pareja, Amelia Woolley. Lo que empezó como una noche cualquiera entre amigos terminó convirtiéndose en el punto de partida de su relación y, años después, también en la idea alrededor de su nuevo disco.
En Dinner Party, Niall escribe desde un momento vital mucho más calmado. Después de pasar gran parte de su juventud enlazando discos, giras y viajes desde sus años en One Direction, sus nuevas canciones hablan de bajar el ritmo, disfrutar de la vida cotidiana y valorar los pequeños momentos.
Eso se nota especialmente en canciones como Dinner Party o Little More Time. En esta última, canta sobre las ganas de detener el tiempo para quedarse un poco más en casa antes de volver a coger un avión. Todo el álbum se centra en el amor, la estabilidad y ese deseo de disfrutar más del presente.
El cierre llega con End of an Era, una canción dedicada a Liam Payne tras su fallecimiento, el momento más emotivo del disco y también el que aporta algo más de profundidad a un proyecto.
Pop guitarrero y cálido que no arriesga demasiado
El sonido de Dinner Party encaja completamente con el estilo de Niall Horan. Hay guitarras, baterías y melodías que entran con facilidad desde la primera escucha. Es un pop-rock cálido, con algún toque folk y soft rock de los setenta, pero llevado siempre a un terreno muy accesible.
La canción que mejor funciona es Tastes So Good, la canción que abre el álbum, un tema con guitarras más marcadas, una batería con más presencia y una energía que ayuda a empezar el disco con fuerza.
A lo largo del álbum hay algunos cambios de sonido que aportan algo de variedad. Monochromatic tiene una atmósfera más soñadora, o Boys Are Fun apuesta por un tono más ligero y juguetón. Aun así, el disco se mueve casi siempre dentro de una misma vibra tranquila, cálida y agradable. Y ese es también su principal problema, que este disco se escucha muy bien y no hay ninguna canción que desentone especialmente, pero tampoco hay grandes momentos que consiguen quedarse en tu cabeza tras terminar de escucharlo.
Niall Horan se mantiene fiel a su estilo y lanza un álbum correcto, aunque en algunos puntos se eche en falta algo más de riesgo o una canción capaz de llevar el proyecto a otro nivel. A pesar de ello, Dinner Party funciona como un disco disfrutable, que no busca sorprender ni reinventar su carrera, simplemente recoge el momento en el que se encuentra ahora, uno más tranquilo, más asentado y cómodo dentro de un sonido que le sienta bien.





