Olivia Rodrigo tenía la tarea complicadísima de superar sus dos primeros discos, y no era un reto cualquiera. Su debut, SOUR, se convirtió en uno de los álbumes más importantes y queridos por la generación Z, una auténtica biblia del pop para toda una generación.
Con you seem pretty sad for a girl so in love, su tercer álbum de estudio, Olivia ha lanzado su trabajo más maduro hasta la fecha. A diferencia de SOUR y GUTS, aquí ya no habla desde la rabia o el desamor adolescente. Se propuso hacer un disco sobre el amor, aunque el resultado está lejos de ser un álbum romántico al uso.
Este es un disco sobre un amor agridulce, uno que empieza con la ilusión y la idealización, pero que también acaba terminándose y dejándola rota. Olivia cambia por completo la perspectiva respecto a sus anteriores trabajos y construye una historia que explora todas las etapas de una relación.
Del enamoramiento absoluto al desgaste emocional
El álbum gira en torno a su relación con su expareja, Louis Partridge. Todo comienza con el entusiasmo y el flechazo de drop dead, a la que sigue el focus track del disco, stupid song, donde encontramos a una Olivia completamente enamorada, tan fascinada por su pareja que ni siquiera las palabras parecen suficientes para explicar lo que siente.
La historia continúa con maggots for brains, inspirada en Miranda Hobbes, personaje de Sexo en Nueva York, y en ella, Olivia compara el enamoramiento extremo y la dependencia emocional con tener el cerebro podrido, incapaz de funcionar correctamente sin la otra persona.
Después llega purple, uno de los temas más originales del álbum a nivel musical. Olivia canta que él ve el mundo en rojo y ella en azul, por lo que juntos lo ven todo morado. Una metáfora sobre cómo dos personas pueden llegar a fundirse hasta parecer una sola. Su producción atmosférica y envolvente la convierte en uno de los grandes aciertos del disco, aunque a primera vista, de las menos queridas por los fans.
Con the cure comienzan las dudas y las reflexiones más intensas. Olivia se da cuenta de que, aunque está enamorada, no es feliz. Descubre que el amor no lo cura todo, y mucho menos la depresión o cualquier problema de salud mental. Aquí comienza el tramo más amargo del álbum.
Ese sentimiento se desarrolla en what’s wrong with me, junto a Robert Smith, vocalista de The Cure, con quien ya compartió escenario en Glastonbury 2025. La canción supone la primera colaboración original de Olivia fuera de proyectos para cine o televisión, y qué mejor que hacerlo con el que ha dicho abiertamente en varias ocasiones que es su ídolo desde pequeña. La Olivia de 13 años fliparía si se lo cuentan. Este tema refleja el momento en el que comprende que su pareja es, en parte, la causa de su tristeza.
La ruptura definitiva llega con less, una delicada balada al piano que recuerda por momentos al universo tan cinematográfico de La La Land. Olivia desearía que la hubieran querido un poco menos, porque así la despedida habría dolido menos. Los que han visto la película seguro que entienden ese sentimiento.
El disco se cierra con cigarette smoke, una auténtica puñalada emocional donde Olivia utiliza el olor del tabaco, que permanece incluso cuando ya no está presente, como metáfora de lo difícil que es olvidar a alguien. La canción pone el punto final a una historia que comenzó con la euforia de una primera cita y termina con el arrepentimiento y la nostalgia.
Un cierre triste y devastador que consigue dar sentido a toda la narrativa del álbum y reflejar a la perfección esa sensación de estar enamorada y, al mismo tiempo, profundamente triste.
¿Cumple con las expectativas?
La crítica especializada parece tenerlo claro. El álbum cuenta con una puntuación de 90 sobre 100 en Metacritic basada en 13 reseñas. Nuestra opinión, sin embargo, dista bastante de eso.
Musicalmente, Olivia se reinventa dentro de su propia discografía y deja atrás gran parte de esa rabia adolescente que definía sus anteriores trabajos, aunque todavía aparece en temas como my way, una de las canciones más potentes y enérgicas del álbum, o la divertida expectations. Las baladas, pese a contar con algunas de las letras más interesantes y emotivas que ha escrito hasta la fecha, se quedan algo cortas en cuanto a novedad y gancho.
Olivia sigue demostrando que tiene un talento indiscutible para construir puentes increíbles y adictivos. Es una de sus grandes fortalezas como compositora. Sin embargo, sin esos momentos de explosión, canciones como stupid song pueden dar la sensación de sonar demasiado familiares o de no terminar de despegar.
Temas más calmados como begged o less pueden llegar a carecer de estribillos especialmente memorables y pueden hacerse algo repetitivas o largas si no conectas con la historia que está contando.
El sonido general del disco sí supone un paso adelante para Olivia. Se aleja del pop-rock adolescente y explosivo de SOUR y GUTS para abrazar una producción más atmosférica, adulta y relajada, especialmente en canciones como purple. No reinventa el género ni falta que le hace, pero sí se echa de menos ese toque tan reconocible que hacía que sus anteriores trabajos engancharan desde la primera escucha.
Las canciones funcionan, las letras están entre las mejores de su carrera y el crecimiento artístico es evidente, aunque musicalmente el álbum se queda un paso por detrás tanto de SOUR como de GUTS. Aun así, destacar que Olivia Rodrigo tiene solo 23 años y un talento especial, es indudable. Le quedan muchos sentimientos por explorar, nuevos géneros que probar y muchas historias que contar. Y nosotros estaremos ahí para escucharlas.





