Madonna baila entre los recuerdos de toda su vida en «CONFESSIONS II»

madonna confessions ii

Madonna lleva más de cuarenta años cambiando de sonido, de imagen y de discurso, y por eso podía resultar extraño verla regresar al universo de Confessions on a Dance Floor, uno de los discos más importantes e icónicos de su carrera. Pero CONFESSIONS II no intenta repetir 2005. Comparte productor y su amor por la música de club, aunque la intención es otra.

Una noche completa en una discoteca

CONFESSIONS II está pensado como una sesión de DJ. Las canciones se mezclan entre sí y el disco avanza sin interrupciones, como si todo sucediera durante una misma noche. Al principio, Madonna nos invita a entrar. I Feel So FreeGood for the Soul y One Step Away presentan el club como un lugar en el que soltarse, olvidar por un rato lo que pasa fuera y dejar de pensar en la opinión de los demás.

Después llega la parte más intensa. Suben el ritmo, el deseo y la euforia con canciones como Bring Your Love junto a Sabrina CarpenterDanceteriaRead My Lips o Love Without Words. Hay house, disco, acid house, eurodance y sonidos cercanos al UK garage. Madonna vuelve a la música que la vio crecer y recuerda por qué las discotecas siempre han sido tan importantes en su vida y en su carrera.

En la recta final, el ambiente cambiaFragileBetrayal y The Test bajan el ritmo y dejan espacio a guitarras, pianos, cuerdas y bases más oscuras. La fiesta empieza a acabarse y salen a la superficie los recuerdos familiares, las heridas y las conversaciones que Madonna había ido dejando para más tarde.

El disco termina al amanecer con L.E.S. Girl, una mirada a la joven que llegó a Nueva York sin dinero, rodeada de artistas, amantes y noches interminables, pero convencida de que iba a triunfar.

Más confesional que el primer Confessions

Confessions on a Dance Floor ya hablaba de culpa, fama, religión, ego y relaciones rotas, pero lo hacía de una forma mucho más abierta y genérica. Las letras contaban cómo se sentía Madonna, aunque no siempre explicaban qué historia había detrás, pero en CONFESSIONS II entra en mayor detalle.

En Danceteria recuerda sus primeros años en Nueva York, cuando todavía intentaba que los DJ escucharan sus maquetas. L.E.S. Girl vuelve al Lower East Side y habla de los alquileres, la falta de dinero, los antiguos amantes y la ambición que la empujó a seguir adelante.

Su familia ocupa buena parte del disco. Fragile trata su complicada relación con su hermano Christopher. Betrayal parece mirar hacia el resentimiento que sintió por su madrastra después de perder a su madre. En The Test, junto a su hija Lourdes, Madonna se pregunta cómo afectó a su hija crecer rodeada de cámaras y bajo la presión de ser “la hija de Madonna”.

También revisa su imagen pública. En My Sins Are My Savior, recoge todo aquello por lo que fue criticada, el sexo, la ambición, la provocación, y lo presenta como parte de lo que la mantuvo en pie.

Por eso este segundo Confessions resulta más confesional que el primero. El de 2005 hablaba de sus emociones, pero este explica de dónde vienen.

Stuart Price mira hacia toda su discografía

Stuart Price vuelve a trabajar con Madonna veinte años después de Confessions on a Dance Floor. Su presencia se nota, sobre todo, en la forma en la que están conectadas las canciones. La primera mitad es más luminosa y bailable. La segunda es más lenta, oscura y emocional. El cambio llega poco a poco, sin que parezca que estamos escuchando dos discos diferentes.

Aunque el título remita directamente a 2005, la producción también recoge ideas de otras etapas de Madonna. Hay momentos que recuerdan a la sensualidad de Erotica, a las atmósferas de Bedtime Stories, a la electrónica espiritual de Ray of Light y al sonido más seco de Music y American Life.

¿Está a la altura del primer Confessions?

Confessions on a Dance Floor tiene canciones como Hung UpSorry o Get Together, es un disco icónico y uno de los momentos más reconocibles de la carrera de Madonna, e igualar ese impacto no es fácil.

CONFESSIONS II quizá no tenga unos singles tan inmediatos como Hung Up, pero como álbum está muy cerca de su primera parte, incluso puede parecer más sólido o coherente en conjunto.

El disco de 2005 era una sesión de baile casi perfecta. Este mantiene esa continuidad y suma una historia mucho más clara. Empieza con Madonna entrando en el club, pasa por la euforia y la catarsis de la noche y termina con ella recordando su familia, sus heridas y sus primeros años en Nueva York.

Madonna siempre ha sido y será la reina del pop y de la reinvención. Esta vez, reinventarse no consiste en cambiar de fórmula, sino en volver a un lugar conocido y utilizarlo para contar algo distinto. CONFESSIONS II no repite la fiesta de 2005, regresa a la misma pista de baile veinte años después y con muchas más cosas que confesar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio