El pretencioso giro de Charli xcx en «Music, Fashion, Film»

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Después de convertir BRAT en un fenómeno mundial, y de convertirse en el que fue para nosotros el álbum del año de 2024, Charli xcx ha preferido cambiar de dirección antes que intentar repetir su éxito. En Music, Fashion, Film deja atrás las grandes canciones de club y se mete de lleno en un sonido más crudo, con guitarras distorsionadas, voces menos tratadas y canciones que parecen capturadas en pleno proceso de creación. El riesgo se agradece, pero no siempre funciona.

¿Qué significa ‘Music, Fashion, Film’?

Music, Fashion, Film nace como una respuesta a todo lo que ocurrió después de BRAT. Aquel disco convirtió a Charli en una estrella global, pero también hizo que mucha gente la redujera a una imagen: el verde, las gafas de sol, los cigarrillos, la fiesta y una actitud despreocupada que terminó convertida en una marca.

En vez de intentar alargar ese fenómeno, Charli utiliza este álbum como una pequeña pausa, y parece hasta que esté intentando ahuyentar a quienes se subieron a la ola de BRAT. Quien llegue esperando otro disco lleno de canciones de club, estribillos inmediatos y colaboraciones enormes probablemente se baje aquí.

El concepto del nuevo álbum de Charli parte de una pregunta bastante sencilla: si Charli ha construido toda su vida alrededor del arte, ¿quién sería si algún día dejara de crear? Después del éxito descomunal de BRAT, Charli utiliza este disco para revisar su relación con las tres cosas que más ocupan su vida. La música es su trabajo y su principal forma de comunicarse; la moda le permite construir y cambiar su imagen; y el cine es una nueva vía para escapar del personaje de Charli xcx y convertirse en otra persona.

El título aparece por primera vez en SS26, donde reconoce que ni la música, ni la moda ni el cine pueden salvarnos de todo lo que ocurre en el mundo. Ahí está la contradicción del álbum. El arte no va a solucionar su vida ni evitar que todo termine, pero sigue siendo lo que le da un propósito.

Las canciones enseñan diferentes partes de esa relación. 2007 recuerda cuándo empezó a hacer música, Card Declined habla de comprar ropa y objetos para fabricar una personalidad, Camera recoge sus dudas ante su nueva carrera como actriz, o No One Lasts Forever reflexiona sobre la muerte y el legado que dejan los artistas.

La portada convierte el concepto en una imagen que ya es de las mejores de 2026. John Cale representa la música, Marc Jacobs la moda y Martin Scorsese el cine. Es una portada icónica y una idea interesante, aunque el álbum no consigue explicarla por sí solo. Si no conoces todo este contexto, cuesta entender de primeras qué tienen que ver muchas canciones con el título.

Un rock pasado por el filtro digital de Charli

Aunque Charli haya jugado durante toda la promoción con la idea de estar haciendo “música rock”, este no es realmente un álbum de rock tradicional. A. G. Cook, Finn Keane y la propia Charli utilizan guitarras distorsionadas, ruido…, pero pasan todo esto por su habitual filtro digital.

Las guitarras se cortan, se deforman y fallan como si fuesen archivos dañados. Hay momentos más grunge, post-punk o de indie de los 2000, pero el resultado sigue sonando a Charli. No parece que esté intentando convertirse en la vocalista de una banda, sino comprobar qué ocurre cuando lleva esos sonidos a su propio terreno.

Y ahí se entiende mejor la intención de este cambio, porque Charli no presenta el rock como una reinvención seria o solemne, sino que juega con sus tópicos, se ríe un poco de ellos y los reconstruye junto a A. G. Cook y Finn Keane. Esa forma de tomarse el giro con cierta ironía hace que todo resulte menos forzado, aunque no evita que el proyecto termine rozando el pretenciosismo en algunos momentos.

La producción, lo mejor del álbum

La producción es, con diferencia, lo mejor del álbum. Siempre está ocurriendo algo interesante: guitarras que se deshacen, voces que se duplican, ritmos que pierden estabilidad, ruidos electrónicos y canciones que cambian de forma sin avisar. Incluso cuando la composición es muy sencilla, el trabajo de producción consigue darle energía y personalidad.

También hay que reconocerle el riesgo. Después de conseguir el mayor éxito comercial de su carrera, Charli podría haberse quedado perfectamente dentro de la fórmula de BRAT. En cambio, ha preferido experimentar, cambiar de sonido y hacer un álbum bastante poco complaciente. Esa necesidad constante de reinventarse sigue siendo una de las cosas más interesantes de su carrera.

Unos singles que no representan demasiado bien el álbum

Entre las canciones que no habían salido previamente destaca Magic Metal Montana, su carta de amor a A. G. Cook. Charli habla de una amistad en la que no necesitan mantener grandes conversaciones porque llevan años comunicándose a través de la música. Es sencilla, bonita y hasta un poco cute, pero tiene más alma que buena parte del álbum.

Los singles estuvieron muy bien elegidos. Rock Music, SS26, Wink Wink y Camera reúnen los elementos más atractivos de esta nueva etapa: el cambio de sonido, el humor, la moda, sus dudas sobre el cine y algunas de las melodías más reconocibles del disco. Sin embargo, juntos presentan una versión bastante más variada, accesible e inmediata de lo que realmente encontramos dentro. Son buenas puertas de entrada, pero no representan demasiado bien un álbum mucho más repetitivo, hablado y denso.

Letras que parecen notas sin terminar

El problema es que ni las letras ni las interpretaciones vocales acompañan a una producción tan trabajada.

Charli quiso conservar una voz más parecida a la de las primeras maquetas, con mucho menos auto-tune y un acabado más seco. El núcleo del álbum se grabó durante solo diez días en París, aunque siguieron terminándolo durante los meses posteriores. Saber esto ayuda a entender por qué todo parece tan rápido, espontáneo e impulsivo.

Aun así, en demasiados momentos da la sensación de que Charli está leyendo directamente la aplicación de notas de su móvil. Las letras parecen ideas sueltas que apuntó rápidamente y después decidió cantar sin desarrollarlas demasiado. Hay pensamientos interesantes, pero también frases vagas que se quedan flotando sin llegar a ninguna parte.

Ese estilo de escritura seguramente sea intencionado, para que parezca impulsivo, cercano al proceso creativo y poco pulido. Pero que algo esté hecho así a propósito no significa automáticamente que funcione. La intención puede ayudar a entender una decisión, pero no tiene por qué hacer que el resultado sea mejor.

Las canciones, además, son tan cortas que muchas parecen demos. Algunas terminan justo cuando podrían empezar a crecer, como si estuviéramos escuchando el primer boceto de una idea en lugar de la canción completa. Por eso resulta curioso que, aunque el álbum solo dure media hora, se haga bastante largo, pesado y cansino.

También hay demasiadas canciones construidas alrededor de una única frase que Charli repite constantemente. Ocurre en Yeah, Card Declined y 2007. En algunos casos la energía de la producción consigue salvar esa repetición. Yeah, por ejemplo, juega con la velocidad, los fallos digitales y las guitarras hasta convertir una letra mínima en algo más físico. En otros momentos, repetir una misma frase una y otra vez solo deja todavía más claro lo poco desarrollada que está la canción.

Un spoken word que termina agotando

El spoken word termina siendo otro de los grandes problemas. Charli pasa buena parte del disco recitando o medio hablando con una interpretación fría y distante. Puede encajar con la idea de escuchar pensamientos sin filtrar, como si estuviera leyendo sus notas en voz alta, pero cuando ese recurso aparece constantemente acaba agotando.

Faltan más melodías, mejores momentos vocales y alguna interpretación que rompa esa sensación de monotonía. Será una decisión consciente y formará parte del concepto, pero para nosotros es un no. El spoken word puede funcionar en una canción concreta; convertido en el tono principal de casi todo el álbum, termina haciendo que canciones muy cortas pesen mucho más de lo que deberían.

Las letras también tienen algo de vómito de palabras. No necesariamente en un sentido malo, se nota que Charli quiere expulsar lo que está pensando de una manera rápida, directa y casi sin corregirlo. El problema aparece cuando esa espontaneidad se confunde con falta de trabajo. Hay canciones en las que parece que ha tenido una idea, la ha apuntado en el móvil y la ha llevado al estudio antes de preguntarse si realmente daba para una canción completa

Music, Fashion, Film es una reinvención valiente y necesaria para alejarse del fenómeno BRAT, pero también un giro confuso que en demasiados momentos roza el pretenciosismo. Hay buenas ideas, una producción excelente y algún momento con verdadera emoción, pero muchas canciones desaparecen antes de haber dejado de ser simples anotaciones en el móvil.

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