Fotografía: Mariano Regidor
Aitana llevó su Cuarto Azul World Tour al Movistar Arena de Madrid con un concierto hecho, sobre todo, para sus fans. Un show más atmosférico, melódico y dramático en el que las canciones más emocionales acabaron provocando algunas de las mayores locuras de la noche.
Un comienzo muy dramático y emocional
6 DE FEBRERO fue la encargada de abrir el concierto y desde el primer minuto se notaba que el público estaba completamente dentro. Las primeras ocho canciones mantuvieron un tono mucho más emocional, pasando por TRANKIS, CUARTO AZUL o CUANDO HABLES CON ÉL. Esta última fue uno de los primeros momentos en los que costaba incluso escuchar a Aitana entre tanta gente cantando cada palabra. Y esa fue una constante durante toda la noche.
Este es un concierto que se disfruta mucho más cuanto mejor conoces a Aitana. Puedes ir sin ser fan y pasártelo bien, pero gran parte de la gracia está en saberte esas canciones que quizá no son sus mayores hits y escuchar a todo un Movistar Arena cantándolas como si les fuese la vida en ello. La estética también sigue bastante bien el tono de Cuarto Azul. Los visuales son sencillos, sin demasiadas cosas ocurriendo a la vez, pero son bonitos y acompañan ese ambiente íntimo y dramático que tiene buena parte del disco.
De las baladas a la pista de baile
Después de ese primer bloque llegó el cambio de ritmo. Los Ángeles, miamor o GRAN VÍA llevaron el concierto hacia una parte mucho más electrónica y pensada para bailar. Y aquí pasó algo que nos sorprendió bastante: la gente estaba más tranquila.
Venías de escuchar a miles de personas dejándose la garganta con las canciones más emocionales y, de repente, llegaba miamor y encontrabas a bastante gente prácticamente parada. Y perdón, pero debería ser delito ver a Aitana hacer el icónico baile de miamor y quedarse mirando.
También fue la parte en la que, personalmente, más echamos de menos algo extra en la producción. Más luces, algún láser o cualquier elemento que terminase de llenar el escenario habría sentado genial a canciones como Los Ángeles o miamor. Son temas que musicalmente piden una explosión y visualmente podían haber dado bastante más de sí.
Un bloque entre emoción y nostalgia
El tono volvió a bajar con MÚSICA EN EL CIELO, que Aitana dedicó a sus cuatro abuelos, que ya no están. El Movistar Arena estaba prácticamente entero sentado y escuchando hasta que sonaron los primeros acordes de Vas a quedarte. Entonces todo el mundo se levantó inmediatamente. Han pasado ya varios años desde que Aitana publicó una de sus primeras grandes canciones y sigue siendo una de las más queridas de su repertorio. Solo había que mirar alrededor y ver a todo el mundo de pie, desgarrándose la voz con ella.
Después volvieron los hits y las ganas de bailar. Mon Amour dio paso a LAS BABYS, uno de los momentos más divertidos del concierto, con su conocida coreografía y prácticamente todo el Movistar Arena siguiéndola. Tras EN EL CENTRO DE LA CAMA, EX EX EX y LÍA, el concierto entró en sus tres últimas canciones.
El momento más fuerte de la noche
LA CHICA PERFECTA abrió el tramo final con uno de los momentos más reivindicativos del show, pero la verdadera locura llegó justo después.
CONEXIÓN PSÍQUICA fue nuestro momento favorito de la noche. El público se sabía absolutamente todo y en el estribillo era casi imposible escuchar la voz de Aitana entre miles de personas gritando cada frase. Se te llenaba la boca cantando ese «si está mal, que se joda» y la sensación dentro del recinto era una auténtica histeria colectiva.
Nosotros habríamos terminado ahí. CONEXIÓN PSÍQUICA habría sido un cierre perfecto por cómo la vivió el público y por esa conexión tan bestia entre Aitana y sus fans durante toda la canción. Pero todavía quedaba SUPERESTRELLA, uno de los grandes hits de esta etapa y una elección bastante lógica para terminar arriba. El público volvió a cantarla entera y, además, la última noche de Madrid tuvo un pequeño cameo de Plex, que apareció brevemente junto a Aitana mientras ella le dedicaba parte de la canción.
Aitana estuvo durante todo el concierto muy pendiente de sus fans, leyendo pancartas, hablando con ellos y agradeciendo una y otra vez que estuviesen allí. Y esa cercanía es probablemente lo que mejor funciona en el Cuarto Azul World Tour. Cuando Aitana dejaba que las canciones y el público llevasen el peso del concierto, Madrid se volvía loco. En las partes más electrónicas, en cambio, nos faltó que el show también se volviese un poco más loco con ellos.





