Tinashe ha tenido que recorrer un camino bastante largo para llegar hasta Popstar, su octavo álbum de estudio. Después de abandonar RCA y apostar por una etapa independiente que le permitió tener mucho más control sobre su música, la artista vuelve ahora a trabajar junto a una gran discográfica, Atlantic Records, en un lanzamiento que, curiosamente, no suena a una vuelta atrás.
Más bien todo lo contrario: Popstar demuestra que Tinashe ha encontrado una libertad creativa que ya no parece dispuesta a perder.
¿Qué significa realmente ser una popstar?
El concepto del disco parte de una pregunta tan sencilla como complicada: ¿qué significa ser una popstar en 2026? Para Tinashe, la respuesta no pasa necesariamente por hacer pop convencional. Ella misma ha defendido que ser una popstar no implica limitarse a un único género, sino reunir diferentes sonidos, influencias y formas de expresión y convertirlas en algo propio.
Y eso es exactamente lo que hace aquí. Popstar mezcla R&B, hip-hop, electrónica, dance, sonidos de club, drum and bass y elementos más cercanos al hyperpop sin preocuparse demasiado por encajar en una etiqueta concreta. Tinashe no utiliza estos géneros para demostrar que también puede hacer pop, sino para cuestionar qué entendemos por pop mainstream y hasta dónde puede llegar una artista dentro de él.
Un disco reflexivo de ambiente club
Una de las cosas que mejor funcionan en Popstar es su recorrido. El álbum comienza con una energía muy electrónica y nocturna. Sunglasses plantea desde el principio esa obsesión por la música y la identidad de la artista, mientras que Too Easy y Melatonin aceleran todavía más el ritmo con producciones de club, electrónica y sonidos hiperactivos. Melatonin, especialmente, demuestra hasta qué punto Tinashe puede moverse por terrenos electrónicos sin que parezca que está simplemente probando una nueva tendencia.
Después llega Empty Stadium, uno de los momentos más interesantes del álbum. Sobre una producción que mezcla ritmos electrónicos y drum and bass con elementos más atmosféricos, Tinashe habla de una de sus grandes preocupaciones como estrella del pop: trabajar durante años, tener algo que decir y sentir que nadie está escuchando. La idea de cantar frente a un estadio vacío resume bastante bien la contradicción que atraviesa todo el disco: querer ser una estrella y, al mismo tiempo, preguntarse qué ocurre cuando no llega el reconocimiento esperado.
De la popstar al agotamiento
Pero Popstar no se queda en la fiesta ni en la reivindicación de su propia figura. Conforme avanza, el disco empieza a mirar hacia dentro. En I’d Rather Be Alone, una de nuestras favoritas, aparece una Tinashe mucho más vulnerable, mientras que Brainrot aborda el agotamiento provocado por el ruido mental, la sobreexposición y esa sensación de estar constantemente rodeada de estímulos.
Es aquí donde el concepto del álbum empieza a cobrar más sentido. Porque detrás de la imagen de la popstar, de los escenarios, los focos y las canciones diseñadas para hacer bailar, existe una persona que también puede sentirse agotada, insegura o infravalorada. Popstar no intenta ocultar esa contradicción, sino convertirla en parte de su discurso.
Por eso Heavy Weight funciona especialmente bien como cierre. Después de un álbum cargado de producción electrónica, bajos y ritmos de club, Tinashe termina prácticamente desnuda musicalmente, acompañada únicamente por su voz y una guitarra. Es un cambio radical de producción que sirve para desmontar todo el personaje construido durante el disco y dejar únicamente a la persona que hay detrás.
Y quizá ahí está la clave de Popstar: Tinashe no necesita demostrar que puede ser una estrella del pop. Lo que hace es preguntarse qué tipo de estrella quiere ser y si todavía existe espacio para hacerlo a su manera.
Tinashe ya sabe quién quiere ser
Si Tinashe siente que durante demasiado tiempo ha estado infravalorada, Popstar demuestra que al menos musicalmente tiene muy claro dónde quiere estar. Es un álbum cohesivo, variado y, sobre todo, muy disfrutable, capaz de pasar del R&B a la electrónica, del dance a sonidos más experimentales y terminar en una balada acústica sin perder su identidad.
Después de varios años construyendo su carrera fuera del circuito de las grandes discográficas, volver a Atlantic no parece haberle quitado esa libertad. Popstar es precisamente la prueba de que Tinashe ya no necesita elegir entre ser una artista experimental o una popstar: para ella, ambas cosas pueden ser exactamente lo mismo.
Y si ella piensa que está infravalorada, quizá está en nuestra mano que deje de estarlo. Porque Popstar demuestra que Tinashe lleva mucho tiempo sabiendo hacer esto. Solo faltaba que más gente estuviera escuchando.





