Troye Sivan habla mucho, pero emociona poco en «She’s the Best»

Troye Sivan shes the best

Troye Sivan regresa con She’s the Best, su cuarto álbum de estudio, en el que apuesta por la experimentación y deja de lado buena parte de las melodías que tanto nos han hecho disfrutar de su música. El resultado es un disco irregular, agotador por momentos y con pocas canciones a las que apetezca volver.

Hay algo especialmente frustrante en escuchar un álbum de Troye Sivan y pasarse buena parte de sus cuarenta minutos deseando que se ponga a cantar. Sobre todo cuando hablamos de un artista que nos ha dado canciones tan buenas como WILD, My My My!, Easy o Rush.

Su discografía siempre ha tenido algo especial. Blue Neighbourhood destacaba por su sensibilidad, Bloom perfeccionaba su faceta más pop y el EP In a Dream encontraba formas de experimentar sin perder emoción. Incluso Something to Give Each Other, con toda su euforia electrónica, seguía teniendo canciones perfectamente construidas.

Con She’s the Best, Troye se adentra en sonidos más alternativos, con referencias al house, el trip-hop y la electrónica de los noventa. Hay buenas ideas y producciones que llaman la atención desde la primera escucha. Lo desesperante es comprobar cuántas veces esas ideas acaban perjudicadas por su manera de interpretar las canciones.

El canto hablado se convierte en el gran problema del álbum

Troye Sivan sabe cantar. Tiene una voz delicada, muy reconocible, y siempre ha sabido utilizarla para dar personalidad a sus canciones. Por eso cuesta tanto entender su insistencia en recurrir al canto hablado durante buena parte de She’s the Best. Es un recurso perfectamente válido que puede quedar genial. Charli xcx, por ejemplo, ha demostrado en numerosas ocasiones cómo una interpretación casi recitada puede aportar carácter a una canción. Pero a Troye, al menos aquí, le sienta francamente mal.

Su manera de cantar resulta demasiado floja, como si estuviese interpretando las canciones sin demasiadas ganas. Apenas hay variaciones en la entonación y las melodías pasan a un segundo plano. Al principio puede parecer una elección curiosa, pero después de varias canciones, empieza a cansar. Y llega un momento en el que resulta directamente molesta.

La canción titular ya deja claro por dónde van los tiros. She’s the Best tiene una producción que va creciendo, pero su interpretación prácticamente recitada hace muy difícil disfrutarla. Tampoco ayuda Party, que se pasa gran parte de su duración repitiendo unas pocas frases sobre una base electrónica. Troye Sivan ha explicado que quería recrear esa sensación de fiesta interminable, donde todo se repite y las horas empiezan a confundirse. Se entiende la intención, pero escuchar una canción tan monótona durante casi cuatro minutos tampoco resulta especialmente divertido. El sample de Music, de Madonna, es lo mejor que tiene.

Y lo peor es que esta forma de cantar sigue apareciendo en canciones como I Do This For You o Le Boy. Se convierte en una especie de obstáculo recurrente. Justo cuando una producción empieza a resultar interesante, vuelve esa voz casi hablada que rompe cualquier posibilidad de conectar con la canción.

Demasiadas cosas pasando a la vez

La producción es otro de los grandes problemas de She’s the Best. Hay canciones con arreglos muy trabajados, pero también momentos en los que parece que todo intenta llamar la atención al mismo tiempo.

En I Do This For You, por ejemplo, la base instrumental tiene bastante encanto. Sin embargo, el estribillo resulta tan repetitivo que acaba siendo pesado. Le Boy tiene momentos más expansivos, pero cuando llega el estribillo se acumulan tantos sonidos que la canción pierde claridad. A veces cuesta encontrar la voz de Troye entre tantas capas. Y cuando consigue destacar, vuelve a aparecer ese fraseo desganado que tampoco termina de convencer.

Por suerte, no todo funciona así. Canada Dry es uno de los primeros aciertos, con una producción sensual que recuerda por momentos al universo sonoro de Erotica, de Madonna. Aquí Troye aprovecha mucho mejor su voz y la canción resulta bastante más atractiva.

Cowboy y Embarrassingly también ofrecen momentos más tranquilos, con guitarras y melodías suaves que permiten descansar de tanta electrónica. La segunda, especialmente, empieza muy bien, aunque vuelve a perder parte de su encanto cuando reaparece esa interpretación vocal tan poco inspirada.

La primera mitad del disco acaba dejando una sensación bastante pobre. Hay sonidos interesantes, sí, pero pocas canciones que realmente apetezca escuchar otra vez. La cosa mejora considerablemente en la segunda mitad. Sex Star llega como un descanso muy necesario, con una producción más contenida y una voz mucho más presente. Después de tantas canciones recargadas, se agradece poder escuchar a Troye sin que los arreglos acaparen constantemente la atención.

También funciona Troye Meets World, que incorpora ritmos cercanos al drum and bass y al UK garage. Su producción tiene algo muy evocador y los arreglos de saxofón le dan un toque especial. El estribillo sigue sin ser su mayor virtud, pero el resto de la canción tiene suficiente personalidad para destacar dentro del álbum.

FF recupera una faceta más sentimental de Troye. Puede que su letra tampoco sea especialmente conmovedora, pero al menos aquí la música parece querer transmitir algo más que una atmósfera determinada.

Y entonces llega Love So Big It Hurts. Probablemente sea la mejor canción de todo el proyecto. Tiene una producción preciosa, envolvente, que va creciendo hasta hacerse enorme. Es de esos temas que consiguen transportarte a otro sitio gracias a cómo están construidos sus sonidos. Incluso aquí hay una parte vocal casi hablada que rompe un poco la magia, pero esta vez el resto de la canción es tan bueno que acaba compensándolo. Es uno de los pocos momentos del disco que de verdad dejan ganas de volver a escucharlo.

Precisamente por eso resulta algo decepcionante que el álbum termine con Lost Time. Su voz procesada no acaba de encajar y, aunque la canción tiene cierto encanto, se queda corta después de lo conseguido en el tema anterior. Love So Big It Hurts habría sido un cierre mucho más emocionante.

¿Dónde queda el homenaje a las mujeres de su vida?

También hay algo extraño en la relación entre el título y las canciones. Troye Sivan ha explicado que She’s the Best es un homenaje a las mujeres que han marcado su vida, especialmente a aquellas que le han acompañado y apoyado durante los últimos años. Una idea muy bonita, teniendo en cuenta lo importante que ha sido la feminidad en su trayectoria personal y artística.

Sin embargo, el álbum habla principalmente de soledad, deseo y de las ganas de encontrar una pareja. El propio cantante ha contado que muchas canciones están dedicadas a un hombre del que todavía no se ha enamorado.

La explicación es que, mientras busca ese amor romántico, son las mujeres de su entorno quienes le ofrecen el cariño y la estabilidad que necesita. Tiene sentido, pero cuesta encontrar esa conexión escuchando el disco sin conocer previamente sus declaraciones. El concepto está ahí, aunque apenas se percibe en las canciones con la claridad que cabría esperar de un álbum construido alrededor de esa idea.

El disco más decepcionante de Troye Sivan

She’s the Best tiene doce canciones y dura poco más de cuarenta minutos, pero se hace bastante más largo. La repetición del canto hablado acaba agotando y algunas producciones, lejos de conseguir que las canciones resulten más interesantes, terminan saturándolas.

Hay momentos buenos, especialmente en la segunda mitad. Canada Dry, Troye Meets World y, sobre todo, Love So Big It Hurts demuestran que había material para un álbum mucho más atractivo. El problema es todo lo que hay entre medias. Y cuesta encontrar una justificación musical para tantas decisiones que perjudican la experiencia de escucha. Troye puede explorar sonidos nuevos, experimentar con su voz y alejarse del pop más inmediato. Ya lo hizo en In a Dream con resultados excelentes. Aquí, en cambio, muchas canciones parecen quedarse a medio camino, escondidas detrás de producciones excesivas y un estilo vocal que acaba jugando constantemente en su contra.

Después de Blue Neighbourhood, Bloom y Something to Give Each Other, este cuarto álbum se coloca como el trabajo menos convincente de su carrera. Tiene algunos destellos brillantes, pero son demasiado pocos.

She’s the Best deja una sensación especialmente amarga porque sabemos de lo que Troye Sivan es capaz. Y escucharlo desaprovechar tantas buenas ideas resulta bastante más frustrante que encontrarse con un disco simplemente mediocre.

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