Para entrar bien en el primer álbum de Alex Ferrán, DEMO, hay que entenderlo como un debut que no busca un único sonido, sino que más bien se siente como un disco donde se permite probar registros y climas distintos sin perder el hilo. Piano, toques de jazz, momentos de R&B y un marco entre lo urbano y lo pop. Y esa mezcla explica por qué cada canción parece tener su propio universo, pero el álbum no se cae.
Un debut que liga lo distinto
Alex Ferrán describe su álbum debut como un disco hecho desde la intuición, con canciones que buscan su sitio dentro de un conjunto. A nivel sonoro se mueve entre el indie pop, el R&B, los toques jazzy y lo urbano, y con la idea de que cada canción puede ser distinta sin dejar de formar parte de un mismo proyecto.
El inicio con Aria ya marca un punto bastante personal, con ese punto de ópera y piano que abre la puerta a un disco más íntimo de lo que parece a primera impresión. Pero ya en La Función, se empiezan a notar claramente los tintes jazz, y el cambio hacia el R&B se entiende bien en La Escuela Del Talento, donde el ritmo y el enfoque se sienten distintos.
A partir de ahí el disco también se permite enseñar algo más íntimo, en un tono más calmado, pero vulnerable, como en Mi Madrid (donde le canta a la capital), en V.O.S.E. y en Sistema.
Pero DEMO no se queda solo ahí, ya anticipábamos que había espacio para experimentar con distintas vibras. También hay canciones que tiran más hacia el «buenrollismo»: temas más ligeros y divertidos como 60 Días, No Me Arrepiento De Nah y Me Gusgusgus.
Al final lo más claro de DEMO es que es un disco ecléctico donde cada tema va por su camino, pero todo termina encajando dentro de una mezcla reconocible de R&B, jazz, urbano y pop. Es un debut variado, con momentos muy personales, otros más ligeros, pero que se sostiene por esa mezcla de estilos sin volverse caótico.





