Con Em Beihold pasa algo curioso: hace pop pegadizo y fácil de escuchar, pero sus letras suelen hablar de cosas bastante incómodas. Ansiedad, comparaciones, inseguridades y relaciones raras. Todo eso aparece en su álbum debut, Tales of a Failed Shapeshifter, un disco que funciona casi como un diario de pensamientos caóticos sobre crecer, equivocarse y tratar de entender quién eres.
Beihold no apareció de la nada. La cantante californiana empezó publicando música de forma independiente hasta que en 2022 explotó con Numb Little Bug, una canción sobre su experiencia con antidepresivos que se hizo viral en TikTok y terminó entrando en las listas de éxitos. A partir de ahí llegó la atención del público, pero también una etapa de dudas personales y bloqueo creativo. Y precisamente de ese momento nace este disco.
El propio título del álbum ya da pistas de por dónde va la cosa. Tales of a Failed Shapeshifter, traducido como «Historias de un metamorfista fracasado» habla de intentar adaptarse constantemente a lo que esperan los demás: ser mejor, ser más interesante, tener la vida más ordenada… y descubrir que quizá eso es imposible.
Ese conflicto aparece desde el principio. En Scared of the Dark el miedo a la oscuridad es en realidad el miedo a quedarse sola con sus pensamientos. En Brutus la artista se mete en un terreno todavía más incómodo: la envidia. Usando la referencia histórica entre Julio César y Marco Junio Bruto, reconoce algo muy humano: admirar a alguien mientras desearías tener su vida, lo que los fans han hilado como una posible referencia a Chappell Roan.
Hay otras canciones que siguen explorando ese caos emocional. Unicorn mezcla obsesión romántica con inseguridad, mientras que Van Gogh utiliza la figura de Vincent van Gogh para hablar de la sensación de estar perdiendo el control mientras todo el mundo parece mirarte. En Exorcism aparece el humor más absurdo del disco: terapia, meditación, reorganizar la casa… nada funciona, y la solución metafórica sería hacer un exorcismo para expulsar los pensamientos intrusivos.
Pop sencillo y un piano guiando el proyecto
En lo musical, Beihold tiene un detalle que la diferencia un poco dentro del pop actual: muchas de sus canciones nacen desde el piano. Las melodías suelen construirse alrededor de él, lo que le da a los temas un aire más íntimo y cercano, casi de cantautora, en lugar de depender solo de grandes producciones o beats electrónicos desde el principio, lo que recuerda a artistas de su generación como GAYLE u Olivia Rodrigo.
Ese enfoque hace que el disco tenga momentos muy personales, pero curiosamente las canciones que más destacan son las que rompen un poco esa fórmula. Temas como Unicorn o la divertida Soup! dejan el piano más en segundo plano y se apoyan más en la percusión y en una energía cercana al synth pop. Son canciones más animadas, más juguetonas y con un punto irónico que encaja muy bien con la personalidad de la artista.
El cierre llega con Won’t Let Go, probablemente el momento más emotivo del álbum. La canción habla de acompañar a alguien que está perdiendo la memoria y promete quedarse incluso cuando esa persona ya no recuerde quién eres. Es un final sencillo, pero muy humano, que deja claro que detrás de todo el sarcasmo del disco hay bastante corazón.
Al final, Tales of a Failed Shapeshifter no intenta reinventar el pop ni convertirse en un gran manifiesto generacional. Pero sí consigue algo más difícil: ser honesto. En un mundo donde todos parecen exigir que tengas claro quién eres y qué quieres, Em Beihold propone algo más realista: admitir que a veces no lo tienes nada claro, y que quizá está bien así.





