Justin Bieber y la segunda parte de «SWAG»: ¿una continuación necesaria?

Tras el lanzamiento sorpresa de SWAG el pasado 11 de julio, su séptimo álbum de estudio, Justin Bieber no ha dejado que el impacto se enfríe. Apenas dos meses después, el canadiense vuelve a irrumpir en la escena con SWAG II, completando así un proyecto doble.

El éxito del primer volumen sorprendió por la poca promoción que tuvo y por el tono mucho más íntimo que sus trabajos anteriores. Temas como DAISIES o YUKON ya son clásicos dentro de su discografía. Para esta segunda entrega, estrenada el 4 de septiembre, el artista repitió la misma estrategia de lanzamiento: llevar la portada del disco a las calles y las pantallas de ciudades clave como Chicago, Nueva York, Londres, Seúl, Sídney o Shanghái.

Continuidad… quizás excesiva

Si algo define a SWAG II es la coherencia con la primera parte. El disco mantiene esa atmósfera de reconciliación personal, con canciones relajadas, algunas casi acústicas y otras como OH MAN que rozan lo lo-fi. Todo se apoya en melodías de R&B y pop que, sin embargo, acaban resultando demasiado uniformes.

Ya en SWAG muchos oyentes se quejaron de monotonía y ausencia de grandes hits. Aquí, esa sensación se intensifica: 23 canciones sin interludios que suenan como una terapia musical ininterrumpida, donde los temas se repiten y el efecto de frescura inicial se diluye.

Temáticas que no sorprenden

Justin no se aparta de los ejes centrales que marcaron el primer volumen y vuelve a hablar de fe y espiritualidad en EVERYTHING HALLELUJAH o STORY OF GOD, del amor y la dedicación hacia su esposa Hailey en canciones como I DO, de la paternidad y la vida familiar en MOTHER IN YOU, y de la introspección emocional y la vulnerabilidad en temas como DON’T WANNA, donde se sumerge en el miedo a perder a alguien amado con un envoltorio pop-rock más crudo. Son confesiones sinceras, pero que ya habían tenido su espacio en la primera parte, y aquí corren el riesgo de perder impacto por repetición.

Colaboraciones desaprovechadas

Si en otros discos las colaboraciones han servido para abrir ventanas estilísticas, en SWAG II apenas logran destacar. Nombres como Tems o Bakar aparecen en la lista de invitados, pero no consiguen dejar huella. Todo contribuye a esa sensación de estar escuchando la misma canción una y otra vez.

Una segunda parte prescindible

SWAG II es una continuación que se siente innecesaria. Con un sonido y unas temáticas prácticamente idénticas a la primera parte, el álbum añade más cantidad que calidad. Donde Bieber parecía haber encontrado un espacio de intimidad y honestidad en SWAG, esta segunda entrega peca de sonar como un eco redundante y monótono.

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