Perrie Edwards, exintegrante de Little Mix, se estrena en solitario con un álbum homónimo que marca un nuevo capítulo en su carrera. Con esto se suma a sus compañeras: Leigh-Anne, que debutó con un EP, y JADE, que sorprendió con el brillante THAT’S SHOWBIZ BABY! Ahora era el turno de Perrie, y las expectativas de sus fans estaban altas.
Un viaje personal, pero seguro
El disco nace como un renacimiento personal para ella, un proyecto con el que buscaba mostrarse tal cual es, sin prisas ni presiones externas. Esa intención se nota en el trasfondo, pero en lo musical el resultado es más conservador de lo esperado.
A lo largo del álbum, Perrie juega con influencias que van del rock’n’roll hasta el disco, el country y el pop ochentero, pero la mezcla termina sonando a un pop bastante clásico, cómodo, y en general poco arriesgado.
Voz de bandera
Su voz es el gran atractivo del disco. Perrie brilla en la interpretación, llega a notas altas, transmite emoción y hace que incluso las letras más previsibles suenen sinceras. Ahí es donde se siente más auténtica.
Los singles son prueba de ello: Forget About Us funciona como un buen lead single, una canción de pop hecha para sonar en la radio, efectiva, pero nada revolucionaria. En cambio las baladas como Baby Steps o Miss You se quedan cortas. Suenan bonitas, pero planas y con melodías repetidas que no terminan de destacar.
Fórmula segura, con margen para crecer
En conjunto, Perrie es un debut correcto, con canciones pegadizas y fácil de escuchar, pero que se queda en terreno seguro. No hay un verdadero riesgo, ni en lo lírico ni en lo sonoro, y eso hace que el disco pueda sentirse monótono, como si repitiera la misma fórmula una y otra vez.
Perrie demuestra que voz y carisma le sobran, pero todavía falta el paso definitivo: un proyecto que apueste más por la originalidad y menos por la comodidad de la radio fórmula.





