Euforia y emoción adolescente marcan el paso de Billie Eilish por Barcelona

Barcelona se convirtió este fin de semana en el epicentro de la música en directo. Entre el festival Sónar y la esperada parada de Billie Eilish con su gira Hit Me Hard and Soft, la ciudad estaba preparada para recibir a grandes artistas. El sábado 14 pudimos presenciar de cerca el brutal y rapidísimo ascenso de una de las artistas más influyentes de la última década.

«Hace mucho que no venía por aquí», nos dijo Billie. Y tenía razón: han pasado ya seis años desde su primera visita a España, con su gira When We All Fall Asleep, Where Do We Go?, cuando aún era una adolescente torturada entre pesadillas, insomnios, ansiedad y depresión, y la que con apenas 17 años ya estaba reinventando el pop.

Un Palau Sant Jordi rendido a sus pies

El Palau Sant Jordi, con casi 17.000 asistentes por noche, dos fechas consecutivas completamente sold out, fue el escenario elegido para confirmar lo magnética y sofisticada que es Billie en directo.

Desde los primeros sonidos de CHIHIRO se desataron los gritos, sollozos y lágrimas adolescentes. Un público mayoritariamente muy joven, con looks en tonos negros y azules, ropa ancha, gorras y pañuelos al cuello, entregado desde el minuto uno.

Billie Eilish en Barcelona durante el Hit Me Hard And Soft Tour / Henry Hwu

Transiciones perfectas y un repertorio muy bien hilado

Las canciones estaban perfectamente conectadas, con transiciones tan bien construidas que incluso superaban las versiones digitales. NDA y Therefore I Am, de su segundo álbum Happier Than Ever, sonaron demoledoras.

La delicadeza con la que Billie canta es hipnótica. Sorprende, emociona, y da la sensación de estar en una pequeña sala a solas con ella. Esto se notó especialmente en temas como when the party’s over o en el set acústico que incluyó My Power y THE DINER, precedido por una breve y vaga reflexión sobre la situación sociopolítica en su país, denunciando el abuso de poder de ciertas figuras políticas, tema central de la primera canción del set.

Explosión de fuego, luces verdes y euforia colectiva

La locura colectiva se desató con temas más intensos y oscuros como bury a friend, donde el escenario 360 lanzaba fuego por los laterales, o con Oxytocyn. También en el escenario B, cuando Billie apareció de forma explosiva para interpretar su colaboración con Charli xcx, Guess, una de las mejores del 2024, transformando el Palau en una rave al puro estilo BRAT, con luces verdes y una energía desbordante.

El diseño de luces jugó un papel fundamental durante todo el show, reforzando la fuerza de algunas canciones que iban in crescendo, como THE GREATEST, donde Billie brilló con creces. Aunque los visuales y la iluminación no eran particularmente impredecibles ni rompedoras, funcionaban a la perfección: todo estaba puesto al servicio de su voz, su carisma y su presencia. Y es justamente por eso que la ausencia en escena de su hermano Finneas pasó totalmente desapercibida, convertida en una anécdota menor. Billie no necesita más que a sí misma para llenar el escenario.

Algunas joyas como lovely u ocean eyes pasaron algo desapercibidas, con momentos demasiado breves. Quizás por querer abarcar mucha discografía en poco más de hora y media de concierto.

Un cierre entre la grandeza y el romanticismo

BIRDS OF A FEATHER es el gran éxito del último álbum de Billie y en el concierto lo dejó más que claro. Confeti, corros en la pista, y un cierre que llegó tras una descarga de potencia musical con Happier Than Ever, donde hubo fuego, un solo de guitarra de la propia Billie y un griterío ensordecedor que por momentos la silenciaba.

Quizá Happier Than Ever habría sido un cierre más potente, pero desde luego, mucho menos romántico que el que ofreció BIRDS OF A FEATHER.

Billie Eilish en Barcelona durante el Hit Me Hard And Soft Tour / Henry Hwu

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio