El 13 de febrero en Barcelona llovía, pero las calles no estaban inundadas de agua, sino de un dramatismo brutal provocado por la sensación del pop británico RAYE. This Tour May Contain New Music llegó a la capital catalana y con él, RAYE reafirmó por qué su éxito no es casualidad ni regalado.
El show empezó a las 19:00h puntual con la primera telonera, Amma, una de sus hermanas, a la que le siguió Absolutely, otra de sus hermanas, llenando el Palau Sant Jordi de misticismo y dejando claro que lo que pasaría esa noche ahí sería algo épico. Todo se queda en familia, y cerca de las 21:00h comenzó el concierto de la última de las hermanas, la espléndida RAYE. Abrió de una manera completamente escénica, con un abrigo de pelo negro hasta el suelo, gafas de sol y una nube iluminada sostenida del techo. Interpretó I Will Overcome, una pieza jazzy teatral en la que menciona a una de sus predecesora y con la que mucha gente la compara, Amy Winehouse. Esta, al igual que muchas otras, y tal y como adelanta el nombre del tour, es una de las canciones de su próximo álbum This Album May Contain Hope, que se publica el 27 de marzo.
La era dramática de RAYE ha comenzado
Un telón rojo que cubría toda la parte trasera del escenario se levantó y la magia empezó, con una banda de más de 20 músicos en el escenario, entre cuerdas, vientos y percusiones. Una producción musical que era imposible que sonase mal. WHERE IS MY HUSBAND! fue la elegida para dar inicio al show y puso a todo el público de pie, tanto en las gradas como a la gente que había elegido sillas en pista. El toque funky y retro le queda genial, y en directo sabe defenderlo más que de sobra. Después de esta introducción, dio por inaugurada oficialmente su dramatic era, alegado que ella siempre ha sido una persona muy dramática y que por fin lo ha plasmado en su música.
Aunque no haya tenido tanto éxito, también sorprendió Suzanne, la colaboración que lanzó este pasado 2025 junto a Mark Ronson, y la que más comparaciones con Amy le ha traído. Genesis, en cambio, fue un de los momentos más catárticos del show. Empezó de una manera más relajada, donde predominaba su voz limpia y pulida, como siempre, hasta que cambió de rumbo y empezó el juego de luces, entre la euforia, una energía que no hacía más que crecer, y una instrumentación descomunal, que hicieron que fuese uno de los momentos más destacados de la noche.
Una noche en un jazz club londinense
El carisma, la naturalidad y la espontaneidad, mezclado con el dramatismo y la teatralidad que ofrece en directo es, claramente, su gran punto fuerte y su seña de identidad, eso que la hace tan única. De la energía de Genesis pasó a simular un jazz club del sur de Londres, y el publico se adentró de lleno. Para este acto la escenografía cambió. Ella entró por una puerta a este «bar», donde había mesas con lamparas de luz tenue, mesas y un camarero pasando por ellas ofreciendo bebida a los músicos, haciéndonos creer que estábamos en el mismo Candem Town. En este set pudimos disfrutar de su versión más jazzy, con solo de saxofón incluido, una cover de Fly Me To The Moon de Bart Howard y posteriormente popularizada por Frank Sinatra, y la alegre Worth It, una de las favoritas de su primer album.
Del jazz pasó a su versión más orquestal e intimista. Su voz siempre es impecable, llegando a notas altas y perfectamente afinadas, y en este nuevo acto nos mostró su lado más vulnerable, empezando con Nightingale Lane, una balada que aún no ha publicado y que explicó que va dedicada a su principal ex amor, ese que te ha marcado más y del que te ha costado más salir, aunque, alegré afirmó que ya lo había logrado superar.
Le siguió Ice Cream Man, la reciente reconocida por la academia de los Grammy por su impacto social, y la que dijo que es, y afirmamos que así es, «su canción más triste», tanto a nivel lírico como interpretativo. Mejor os dejamos descubrir por vosotros mismo de qué habla. Ella sola al piano, completamente emocionada y haciendo que todo el publico concentrase la atención en su voz, sin apenas pantallas en lo alto, cosa que es difícil de conseguir hoy en día.
Después llegó I Know You’re Hurting, una de las más esperadas de su próximo álbum, y la cual ya ha cantado en varios festivales, aparte de añadirla al setlist de su tour. De nuevo, volvió a brillar con su voz y os aseguramos, que a más de una persona se le cayó más de una lágrima. Después, se tomó un brevísimo descanso para reaparecer con un vestido negro y junto a Tom, director de la orquesta. Pasamos de la emotividad más profunda a la grandiosa Oscar Winning Tears, la cual podemos catalogar como su Magnum Opus hasta la fecha, donde destaca principalmente su potencia vocal y su presencia escénica, acompañada de una orquesta digna de un musical de Broadway.
De la emoción a la rave
Seguidamente, unas letras luminosas aparecieron al fondo del escenario con su nombre, el cual duró poco, ya que la Y de RAYE se subió para sustituirla por una V. De la teatralidad, el jazz y la orquesta pasamos a una RAVE electrónica. Todo cabe en un concierto de la británica, demostrando así su capacidad de reinvención y de englobar distintos géneros musicales. Recordemos que ella empezó en la electrónica y el EDM, hasta que se volvió independiente y crear a hacer la música que realmente le gustaba y con la que se sentía más a gusto. Las famosas Secrets, You Don’t Know Me, BED, Black Mascara y Prada pusieron a todo el publico a saltar. El juego de luces hizo que pareciese que estuviésemos más cerca de ver a una artista del estilo de Charli xcx que de la propia RAYE. La diversión no faltó ni un minuto dentro de este acto eufórico, aunque algo corto.
Para el tema casi final bromeó con estar acabando el concierto, diciendo que la canción que venía a continuación se suponía que era la ultima y que teníamos que actuar como tal, aunque luego viniese el encore. Para esta penúltima canción, antes del verdadero final, sacó como invitadas a sus hermanas y teloneras, Amma y Absolutely para cantar Joy, una canción que esperemos que incluya en su proximo álbum. En esta canción se puede ver la complicidad y afinidad musical que tienen las tres y lo bien que fusionan sus voces, con una letra y musicalidad tan divertida y alegre como esperanzadora, haciendo que todo el publico acabase dando palmas al ritmo de la música.
Las tres hermanas salieron del escenario, pero como ya había adelantado RAYE, ella volvería a salir. Su canción más famosa y la que le llevó al punto de mira global, Escapism, empezó a sonar. La euforia desbordaba entre un público más entregado que nunca. La despedida no pudo haber sido mejor, demostrando que RAYE tiene un largo trayecto musical que recorrer aún y que es una artista con un futuro que pinta más que brillante. Sin duda alguna, una artista muy artista.





