Sombr está de vuelta y lo hace en un momento especialmente dulce de su carrera. Tras una nominación más que merecida a Mejor Nuevo Artista en los Grammy, que finalmente terminó en manos de Olivia Dean, una de las grandes revelaciones británicas del momento, el artista demuestra que lo suyo no fue casualidad. Está en racha, y sigue demostrándolo.
Si 12 to 12 ya se coló entre las mejores canciones del año gracias a ese pop con guiños disco tan pegadizo, en Homewrecker vuelve a moverse por ese terreno, pero con una mayor ambición. Mantiene esa base bailable y luminosa, pero sube la apuesta en lo compositivo y emocional. Aquí hay más conflicto, más intención y una narrativa más afilada.
La canción gira en torno a un triángulo amoroso incómodo: enamorarse de alguien que ya tiene pareja y debatirse entre el deseo y la culpa. El protagonista no quiere ser quien destruya una relación, pero tampoco puede evitar sentir que podría hacerlo mejor. Esa tensión atraviesa todo el tema y le da un filo interesante a lo que, en la superficie, suena ligero y pegajoso.
Pop con brillo disco y drama sentimental
Musicalmente, Homewrecker mezcla pop, disco e indie rock con bastante naturalidad. Tiene ese pulso rítmico que invita a moverse, reforzado con guitarras y un estribillo directo que entra a la primera. Es uno de esos temas pop que parecen sencillos, pero están medidos al milímetro: fresco, inmediato y con gancho.
Esa energía intensa pero despreocupada también se traslada al videoclip. Inspirado en el imaginario del viejo oeste, el vídeo convierte el drama sentimental en un duelo casi cinematográfico. Con la participación de Quenlin Blackwell y Milo Manheim, la historia se transforma en un salvaje triángulo amoroso con estética western que encaja a la perfección con el espíritu juguetón, pero emocionalmente cargado, del single.
Con Homewrecker, sombr confirma que lo suyo no fue un golpe de suerte. Está encontrando su sonido, afinando su propuesta y, sobre todo, disparando pop con puntería.





