Absolutely convierte la infancia en pop en «Paracosm»

Absolutely es el proyecto de Abby Keen, cantante y compositora londinense que ha ido encontrando su sitio dentro del pop alternativo británico. Hermana del fenómeno británico RAYE, ha construido una identidad propia entre el R&B, la electrónica y un pop emocional con cierto toque experimental, alejándose del sonido más comercial para apostar por algo más personal. Hoy venimos a comentar su segundo álbum de estudio, Paracosm, en el que nos adentra en sus pensamientos y recuerdos de la infancia.

Un mundo propio que empieza en la infancia

Un paracosmos es, literalmente, un mundo imaginario que se crea en la infancia y que puede mantenerse vivo durante años. Un universo propio con sus reglas, sus personajes y su lógica interna. De ahí nace el título de Paracosm, el segundo disco de Absolutely: una invitación a recuperar esa mirada libre y curiosa con la que entendíamos el mundo cuando éramos pequeños.

Pero lo interesante no es solo el concepto, sino cómo lo aplica. Porque más que hablar de fantasía, Absolutely utiliza esa idea para soltarse. Para crear sin pensar tanto. Para dejar de sentirse observada.

Menos cabeza, más piel

Si en Cerebrum, su álbum debut, todo pasaba por el análisis (pensamientos más racionales que emocionales y dudas que se enredaban sobre sí mismas) aquí la sensación es mucho más física. Paracosm se siente en el cuerpo.

Absolutely habla de lo que siente de una forma muy directa. Si está desbordada, lo convierte en una tormenta; si una relación se acaba, la dibuja como una casa vacía; si necesita escapar, quiere romper el techo y salir de ahí. Son imágenes sencillas, pero funcionan porque nacen de algo real. No suena forzado ni excesivamente dramático: suena a alguien intentando explicar lo que le pasa por dentro con las palabras que tiene más a mano. Y eso hace que el disco resulte más cercano e intenso.

Musicalmente también se nota el salto. Ya no estamos solo en un pop alternativo: hay R&B dulce, momentos casi industriales, arreglos de cuerdas que aportan dramatismo, saxos inesperados que aportan ese lado más jazzy como en Helium (se nota de qué casa viene) y estructuras que cambian cuando menos te lo esperas. Es un disco más raro, expansivo y libre que lo que había hecho hasta ahora, pero que defiende con nota.

Una de las canciones que más destaca de Paracosm es Nowhere to Hide, probablemente el temazo pop del álbum. Empieza más contenida, pero va creciendo según avanza, con un estribillo que gana fuerza y le da un aire casi de drum and bass ligero sin perder emoción. La letra habla de liberarse de lo que te bloquea, de tirar todo a tu alrededor y dejar que el caos te lleve a un alivio real, como cuando eras niño y simplemente te dejabas llevar.

Crear sin público (aunque lo haya)

Hay una idea que atraviesa todo el álbum y que es muy honesta: el miedo a estar siendo observada. Después de empezar a tocar para público propio, aparece inevitablemente la presión. Pensar en lo que esperan de ti. En lo que funcionará. En lo que no. Y, según ha contado ella misma, eso llegó a bloquearla.

Lo que desbloquea Paracosm es volver a la versión más joven de sí misma: la que hacía música en el estudio del jardín de su casa sin pensar en nadie más. Esa libertad es la que da sentido a canciones como No Audience, que plantean algo muy sencillo pero poderoso: ¿y si nadie estuviera mirando?

El disco brilla más cuando se centra en esa idea: cuando deja de intentar impresionar y se limita a crear. Cuando mezcla rabia y deseo en la misma canción, o deja atrás el brillo superficial para buscar algo más verdadero. Incluso en la canción que da nombre al álbum, queda claro que crecer no quita lo extraño, solo lo transforma.

Paracosm es el sonido de alguien que ha decidido dejar de pensarlo todo y empezar a sentirlo. Y, sinceramente, le sienta mucho mejor la versión «rara» y cambiante de sí misma que la más calculada.

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