Carly Rae Jepsen encuentra el equilibrio entre el día y la noche en «Day and Night»

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Un disco de 24 canciones puede dar bastante pereza antes incluso de darle al play, más todavía en un momento en el que consumimos la música cada vez más rápido. Carly Rae Jepsen se arriesga con Day and Night y el resultado ha sido justo lo contrario de lo que esperábamos. Se escucha del tirón y se ha convertido en uno de nuestros discos favoritos del año.

Un día y una noche dentro del mismo disco

Day and Night está dividido en dos partes de doce canciones cada una y la diferencia entre ambas se entiende enseguida. Day es más cálido y orgánico. Hay instrumentación real, guitarras, folk, psicodelia, jazz, bossa nova… Night tira más de sintetizadores, electrónica y momentos bailables, aunque mantiene el tono delicado y relajado que recorre todo el álbum.

La separación está tan bien hecha que podrías escuchar las canciones en aleatorio y seguramente sabrías cuáles pertenecen a cada parte. Lo bueno es que nunca parece que Carly haya pegado dos discos distintos. Cambia el sonido, pero se mantiene una misma sensación de calma y ligereza durante las 24 canciones.

Los singles también han estado muy bien escogidos para enseñar las dos caras del proyecto. After All encaja perfectamente con esa calidez de Day. Dentro de esta primera mitad también está Blue Skies, que suena mágica y fantasiosa, casi como si flotara. Y Burning Heart roza la perfección del pop, con un estribillo gigantesco, que va creciendo según avanza… y la parte de los saxofones termina de llevarla a otro nivel.

Cuando llega Night, el cambio se nota al momento. Amalfi Coast consigue transmitir perfectamente ese desconcierto de una noche en la que ya has perdido la noción del tiempo. Motivation es increíble, súper bailable y otro ejemplo de lo bien que se han elegido los singles. En cambio, Hold Me to the Light se queda en algo mucho más delicado y suave, pero sigue sonando completamente nocturna e incluso experimental con esas distorsiones vocales.

Todo esto también conecta con el momento vital en el que está Carly. Sigue escribiendo sobre enamorarse, el deseo y las relaciones, pero ahora aparecen otras cosas. Compartir una vida con alguien, pensar en una familia, mirar hacia relaciones anteriores o intentar hacer hueco a todo eso mientras su carrera sigue avanzando. Se nota una Carly más madura, aunque sigue teniendo ese punto juguetón que hace que el disco nunca se vuelva demasiado serio.

Las postales terminan de redondear el concepto. Cada canción está relacionada con un lugar, una fecha y una hora concreta. Eso hace que cada tema se sienta como un momento específico del día y ayuda muchísimo a entrar en el mundo del disco. Y da pena que haya salido en septiembre. Day and Night publicado al principio del verano habría acompañado perfectamente toda la temporada. Tiene justo esa sensación de un día completo de verano. La luz y el calor de la mañana y la tarde, el sol cayendo poco a poco y después una noche cálida en la que ya no sabes muy bien qué hora es.

Lo más sorprendente es que 24 canciones no cansan

Este era el mayor peligro del álbum. Más de una hora de música y 24 canciones podían acabar pesando muchísimo. No pasa. La división en dos partes ayuda bastante. Cuando llevas doce canciones dentro del sonido más orgánico de Day, empieza Night y parece que el disco vuelve a arrancar. No necesitas parar porque el propio álbum cambia de ambiente justo cuando podría empezar a hacerse largo.

Dentro de cada mitad tampoco se repite una única fórmula. Hay psicodelia, guitarras, saxofones, bossa nova, electrónica, house y sintetizadores, pero nada parece metido solo para demostrar que Carly puede probar muchos estilos. No definiríamos Day and Night como un álbum experimental. Sigue siendo pop y sigue sonando completamente a Carly Rae Jepsen. Sí se nota que ha querido jugar más con los sonidos y probar cosas diferentes. Y hacerlo en un disco de 24 canciones sin perder el hilo tiene bastante mérito.

Lo mejor es que nunca aparece esa sensación de estar llegando al final de un álbum larguísimo y empezar a mirar cuántas canciones quedan. Hay suficientes cambios para mantener el interés y suficiente calma para poder escucharlo entero sin acabar saturado.

Carly sigue creciendo sin dejar de ser Carly

Dentro de su discografía, Day and Night se siente como un paso bastante natural hacia algo más maduro. No porque Carly haya cambiado completamente ni porque ahora quiera demostrar que hace música más seria. Simplemente parece estar en otro momento y eso se nota tanto en lo que cuenta como en la forma de hacerlo.

También es uno de sus discos con más ganas de jugar. Una canción puede empezar de una forma bastante sencilla y acabar creciendo muchísimo por una guitarra, unos saxofones o algún cambio de producción. Hay pequeños detalles por todas partes y eso hace que cada escucha descubras algo nuevo. Quizá ahí esté la razón por la que funciona tan bien un álbum tan largo. Day y Night tienen personalidades muy distintas, pero pertenecen claramente al mismo mundo. Una parte necesita a la otra para que el concepto tenga sentido.

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