Bebe Rexha estrena «DIRTY BLONDE», su intento de escapar del Khia Asylum

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Bebe Rexha lanza DIRTY BLONDE, su cuarto álbum de estudio y el primero publicado junto a EMPIRE tras su salida de Warner Records. La artista arranca su nueva era con el humor con el que ha hablado de su propia carrera durante los últimos meses y presenta un proyecto visual de 13 canciones con el que busca mostrarse más libre, descarada y menos preocupada por encajar.

Una era con humor, libertad creativa y ganas de salir del Khia Asylum

Bebe Rexha ha sabido presentar su regreso con bastante sentido del humor. Durante los últimos meses, la cantante ha abrazado abiertamente las bromas sobre su supuesto encierro en el Khia Asylum, ese manicomio imaginario creado por internet para hablar de artistas pop que tienen canciones conocidas, pero nunca terminan de consolidarse como grandes popstars, y encaja perfectamente, porque Bebe Rexha lleva más de una década acumulando éxitos, colaboraciones importantes y millones de reproducciones, pero su identidad como artista nunca ha terminado de estar tan definida.

DIRTY BLONDE parecía llegar precisamente para cambiar eso, con un álbum que se ha planteado como un renacimiento creativo. El propio título juega con esa idea de una rubia algo sucia, descarada e imperfecta, mientras que el universo visual combina clubes nocturnos, estética dosmilera, sensualidad, escenas de fiesta y momentos más vulnerables.

Una primera mitad que sí cumple las expectativas

El comienzo de DIRTY BLONDE es, con muchísima diferencia, su mejor parteHysteria abre el álbum con una energía inmediata y acelerada, apoyándose en un sample de Meet Her at the Loveparade, el clásico de Da Hool. Una buenísima introducción que deja claro desde el principio la versión de Bebe Rexha electrónica, eufórica y desinhibida. Tokyo, New Religion, $.H.I.T y Çike Çike siguen manteniendo esa energía y siguen convirtiendo la pista de baile en una especie de vía de escape, con esa actitud más descarada del proyecto

Durante sus primeros minutos, DIRTY BLONDE parecía cumplir todas las expectativas, con mucho ritmo y personalidad. El disco transmitía la sensación de que Bebe Rexha ha encontrado finalmente el tono adecuado para convertir su regreso en algo más interesante que una simple colección de canciones dance-pop.

La energía cae cuando el disco abandona la pista de baile

El problema aparece conforme avanza el álbum. DIRTY BLONDE nació como un proyecto de baile, inicialmente construido alrededor de canciones cercanas a los 130 BPM y pensado como una forma de evadirse después de una ruptura sentimental. Sin embargo, durante el proceso creativo, Rexha comenzó a incorporar temas más vulnerables e íntimos.

Esa evolución se nota especialmente en la segunda mitad del disco. One Day rebaja la intensidad sin perder del todo el pulso dance, mientras que Time y The Way I Want You se acercan a un terreno mucho más sentimental, y Night Falls alarga esa calma en la recta final. No son canciones que funcionen mal por separado, pero sí terminan alejando el disco de la energía descarada y eufórica que prometía al principio.

A medida que avanzaDIRTY BLONDE pierde gancho y vuelve en algunos momentos a ese sonido dance-pop algo genérico que Bebe Rexha ya había explorado antes. El álbum consigue arrancar con mucha fuerza, pero le cuesta mantener una narrativa igual de clara hasta el final.

DIRTY BLONDE tiene varias canciones muy disfrutables y algunos pequeños giros interesantes, pero también vuelve a caer en ese sonido dance-pop predecible y algo genérico que Bebe Rexha lleva explorando desde hace años. Cuando acierta, acierta bien. El problema es que no consigue mantener esa fuerza durante todo el recorrido.

Quizá Bebe Rexha todavía no haya conseguido escapar definitivamente del Khia Asylum, pero al menos ha encontrado una forma mucho más entretenida de intentar salir.

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