En un momento en el que la escena pop está completamente dominada por artistas femeninas que no solo arrasan en números, sino que también están reinventando fórmulas, sonidos e imaginarios como Charli xcx, Sabrina Carpenter, Doechii o Chappell Roan, algún chico tenía que atreverse a intentarlo.
Y ahí aparece Benson Boone, uno de los nuevos showman del pop estadounidense, famoso por sus volteretas en el escenario y su energía incansable.
Ahora lanza American Heart, su segundo álbum de estudio, formado por 10 canciones que oscilan entre el pop-rock de aire nostálgico, la emoción juvenil y los himnos pensados para corear en vivo. Un disco que, si bien no revoluciona el género, sí deja claro qué quiere aportar Benson al panorama actual.
Un sonido familiar con tintes nostálgicos
Aunque su propuesta musical no sea especialmente innovadora, Benson sabe muy bien de dónde tirar: el pop-rock de los 80 funciona como su mayor fuente de inspiración, y no tiene miedo de usarlo sin complejos. En Mystical Magical, por ejemplo, samplea a Olivia Newton-John y se lanza a ese universo sonoro de sintetizadores y estribillos pegadizos. El álbum está compuesto por 10 temas en los que, aunque algunos pasen algo desapercibidos, hay varios momentos que merecen detenerse.
Un personaje carismático como protagonista
Uno de los mejores aciertos del disco es Mr. Electric Blue, el focus track y probablemente el tema más sólido del conjunto. Es una explosión de energía, potencia vocal y carisma.
Benson dibuja aquí a un personaje magnético, una especie de mezcla entre galán de película ochentera, rebelde sin causa y superhéroe de barrio. Con un tono juguetón casi de autoparodia en el que bromea con ser un one hit wonder, convierte a esta figura en una leyenda pop urbana que, en realidad, parece una oda muy personal a su propio padre.
Toques emocionales entre canción y canción
El álbum también tiene sus momentos sensibles. En Momma Song, Boone se pone introspectivo y reflexiona sobre el paso del tiempo, su distanciamiento del hogar y la relación con su madre. Es una de las más emotivas del disco, y funciona como una carta abierta llena de vulnerabilidad.
Otra joya sentimental es Young American Heart, una especie de carta de amor al pasado adolescente. Robos de coches, accidentes, miedo al futuro, amores tan intensos que harían que el fin del mundo pareciera llevadero si están juntos. Mezcla ese dramatismo juvenil con emociones sinceras, capturando bien la intensidad y fragilidad de esos años en los que uno se cree invencible, y a la vez está completamente perdido.
Una producción efectiva, con margen para crecer
La producción corre a cargo de nombres de peso: Jason Evigan (responsable de Physical de Dua Lipa o Girls Like You de Maroon 5), Malay (productor de Channel Orange de Frank Ocean) y Evan Blair. El sonido general es acertado: hay energía, momentos para el baile y otros para la emoción. Se siente ese toque ochentero que Benson quiere revivir.
Eso sí, no todo brilla. En algunos momentos, el disco cae en cierta repetición sonora y lírica. Las temáticas se sienten demasiado generales en algunas canciones, como si Benson Boone aún no terminara de construir una voz propia que lo distinga claramente en un panorama saturado de propuestas similares.
Aunque le falte todavía algo de riesgo y profundidad para despegar del todo, el potencial está ahí, y el corazón también.





