Madison Beer guarda el corazón en «locket» y vuelve a jugar sobre seguro

madison beer locket

Madison Beer presenta locket, su pequeño relicario emocional de once canciones para guardar un capítulo, cerrarlo y dejarlo donde duele menos. El concepto está clarísimo y el disco se escucha más o menos fácil. El “pero” es el de siempre, que Madison sigue jugando a lo seguro justo cuando podría dar un salto de personalidad de verdad. 

Un relicario para guardar la ruptura

Madison Beer ha explicado que, después de escribir el álbum, siente que cada canción “vive” dentro de ese relicario (locket) metafórico y que, cuando el disco sale al mundo, para ella ese capítulo queda cerrado. En línea con eso, el álbum se mueve por el final de una relación intensa, con esa dualidad que ella misma define como “canciones animadas pero emocionales”.

Cuando Madison se atreve el disco despega

En lo musical, locket juega con una paleta atractiva. Synth-popslow jams R&B noventeras y algún detalle más “raro” que deberían traducirse en un álbum más valiente. De hecho, cuando Madison quiere, lo consigue: yes baby make you mine tiran de ese pop oscuro y clubero. Ahí está magnética, con actitud, y el disco se siente grande. Y también está complexity con una producción más inquieta y chispazos electrónicos, como si por fin dejara entrar otra personalidad distinta. 

El problema es que, entre esos momentos, el disco se apoya demasiado en canciones lentas/medios tiempos demasiado correctos que están bien, se escuchan fáciles, pero dejan esa sensación de “esto ya lo he oído”.

En algunos puntos del álbum puede recordar a ratos a Ariana Grande, a Sabrina Carpenter o Tate McRae. El punto es que, precisamente por estas comparaciones, parece que a Madison aún le falta rematar un sonido que sea solo suyo, algo que la identifique de verdad y que no la compare tanto con otros sonidos que otras artistas ya han hecho suyo.

locket es un álbum seguro, con picos muy buenos cuando se atreve (yes baby, complexity), pero en conjunto confirma que Madison todavía juega demasiado a lo seguro. Si el próximo disco empuja más ese lado «raro» y ahí sí puede estar el “sonido Madison Beer” definitivo.

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