Review completa de nuestra opinión del nuevo álbum de Rosalía, LUX. En esta reseña analizamos a fondo su sonido, concepto y evolución artística, descubriendo cómo la artista redefine su estilo con una propuesta más madura y experimental.
No ponemos en duda que Rosalía haya tardado tres años en hacer LUX, y uno de ellos solo en escribir las letras. Las capas de complejidad son innegables: 13 idiomas, la impecable labor de la Orquesta Sinfónica de Londres, santas de diferentes partes del mundo como inspiración y una voz y producción delicadas y cuidadas.
Rosalía nos ha presentado este álbum como algo “humano e imperfecto, porque todo lo humano es imperfecto”: su primer disco orquestal. Ya lo vimos en el primer adelanto, Berghain, que fue un pistoletazo de salida perfecto, marcando el pulso de todo el trabajo. Un proyecto nada comercial, que va mucho más allá de los charts, las listas o las radios.
Una inquietud espiritual de Rosalia
Este álbum, según la propia Rosalía, es “una inquietud de aprender sobre el mundo y sobre santas de todo el mundo”. Cada idioma es un reto, y la artista lo plasma en 15 canciones en las que juega desde el castellano hasta el inglés, el latín, el ucraniano, el japonés, el árabe, el catalán, el alemán, el italiano, el francés, el portugués e incluso el hebreo.
Rosalía ha descrito LUX como su proyecto más ambicioso, de carácter espiritual y orquestal. El título, que significa “luz” en latín, está concebido casi como una sinfonía dividida en cuatro movimientos o actos. Cada uno responde a una narrativa emocional y espiritual distinta: el primero es “la partida”, la salida de la pureza; el segundo gira en torno a “la gravedad”, ser “amigo del mundo” (lo mundano); el tercero representa “la gracia”, la amistad con Dios; y el cuarto es “la despedida y la vuelta a casa”. En conjunto, LUX explora la mística femenina, la transformación personal, la fe y la individualidad, trazando un recorrido que va de la ilusión a la pérdida, y de la fe a la redención.
Verticalidad sonora
Rosalía ha pedido a los oyentes escuchar el álbum de principio a fin para captar su visión integral. Ella concibió LUX con una sonoridad maximalista (en contraste con el minimalismo de MOTOMAMI) y una paleta marcadamente orquestal, inspirada en la espiritualidad. La artista habla incluso de una “verticalidad” en este proyecto: al igual que la arquitectura de una catedral eleva la mirada, LUX busca elevar el pensamiento del oyente. “¿Por qué las catedrales tienen tanta verticalidad? Te hacen pensar distinto, y este es un proyecto que busca esa verticalidad”, explicó Rosalía. Más que un conjunto lineal de canciones, LUX está diseñado como una experiencia ascendente que combina lo terreno y lo divino en un viaje sonoro y espiritual único.
Fe, transformación y mística femenina en LUX
LUX habla de la espiritualidad contada a través de historias de mujeres. Habla de fe, transformación y mística femenina, inspirándose en santas de distintas religiones y en cómo esa búsqueda ilumina el amor y el dolor. Es su trabajo más grandioso. Con tanto cruce de estilos y géneros, y apoyándose principalmente en arreglos orquestales, sorprende lo bien que encaja todo y lo cohesivo que suena el álbum. Su único “pero” (y ni siquiera negativo) es su densidad conceptual: bebe de muchas referencias, idiomas e ideas, y a veces cuesta seguir la narrativa. Es un disco que pide paciencia; no entra a la primera, pero cuando entra, entra a lo grande.
Entre reliquias y redenciones
Reliquia la muestra como una artista internacional desde el principio, una artista que ha viajado y ha descubierto mundo. De ahí que vaya dejando partes suyas en cada ciudad a la que va, convirtiéndose así en una reliquia en sí misma.
Porcelana es una de las más destacadas y experimentales, porque sí, Rosalía no ha dejado de ser experimental ni de crear contrastes sonoros como los que escuchábamos en MOTOMAMI. Inspirada por la historia de Ryōnen Gensō, una monja y poeta japonesa del siglo XVII, la canción reflexiona sobre el sacrificio, la belleza y la libertad espiritual. Rosalía reivindica el poder femenino y la autodeificación, es decir, la idea de que el ser humano se puede convertir en dios, ya sea creando su propia divinidad o identificando al ser humano mismo con la divinidad. En una entrevista con Zane Lowe, explicó:
“Hay una santa japonesa, Ryōnen Gensō. Fue muy interesante: aparentemente destruyó su rostro para ser aceptada en un monasterio… El nivel de sacrificio para lograr lo que quería, y cómo algo así puede considerarse locura, me pareció increíble.”
Musicalmente, Porcelana combina rap japonés, palmas flamencas y un brillante coro orquestal que construye tensión con sutileza, evocando la fusión de géneros que caracterizó a MOTOMAMI.
En La Yugular, Rosalía construye un crescendo impresionante, recitando sobre “lo infinito del mundo” mientras la música va ganando fuerza y dramatismo. La canción fusiona español y árabe, creando un diálogo entre culturas y sonidos que refuerza su exploración del amor desde una doble dimensión: humana y divina. Es un tema que muestra su capacidad para combinar intensidad emocional con sofisticación musical, convirtiendo cada verso en una experiencia que trasciende lo cotidiano.
El toque flamenco que lleva dentro desde siempre, desde que la conocimos con Los Ángeles y que la llevó a la fama con el visionario El Mal Querer, también está presente en Mundo Nuevo, donde vocalmente se luce como una de las grandes voces del flamenco contemporáneo, aunque ella vaya mucho más allá de eso.
De Madrugá nació durante la era de El Mal Querer. Aunque Rosalía la interpretó en directo en varias ocasiones durante aquella gira, nunca llegó a incluirse en la versión final del disco. En LUX, la canción adquiere un valor simbólico doble: por un lado, rescata una composición de su pasado, conectando con sus raíces; por otro, representa su evolución y el nuevo rumbo de su obra. Para esta versión, Rosalía ha añadido versos en ucraniano inspirados en Santa Olga de Kiev, una gobernadora que mandó a morir a muchos hombres. “Quizás no sea la historia de una santa que solemos escuchar”, explica la artista. “Al crear este álbum comprendí que me ayudó a ampliar mi idea de lo que significa la santidad.”
Estas referencias flamencas también aparecen junto a Silvia Pérez Cruz y Estrella Morente en La Rumba del Perdón, donde abraza la redención y decide perdonar a todas las personas que la hicieron daño, aunque “tengan alma de santo pero sigan pecando”. Un tema que refuerza su conexión con la fe y lo divino.
El clímax de la fe
Uno de los puntos álgidos de LUX es, sin duda, el track 5: Mio Cristo Piange Diamanti, cuyo título cambió a última hora para añadir que “llorase diamantes”. Esta canción, con una voz impecable y una fuerza abismal, suma el italiano y la letra más religiosa de todo el álbum. Inspirada en la relación espiritual y emocional entre San Francisco de Asís y Santa Clara de Asís, marca un punto clave del disco, encapsulando gran parte de su concepto. La referencia se centra en la amistad contemplativa, el apoyo mutuo, el amor desinteresado y la unión espiritual sin relación física, elementos frecuentes en los estudios hagiográficos sobre ambas figuras.
Una reivindicación espiritual: Escucha el álbum entero
En LUX, Rosalía convierte sus viajes personales y su búsqueda espiritual en un grito de fe que sorprende en tiempos tan desconfiados. Se refugia en lo divino para superar los desengaños amorosos, y lo hace con una sinceridad que atrapa. Con este disco, vuelve a poner la música española en el mapa mundial y demuestra, una vez más, que no sigue modas ni tendencia, ella las crea.





