Bad Gyal convierte el Movistar Arena en su universo «Más Cara»

Un show centrado en el presente

El paso de Bad Gyal por el Movistar Arena este sábado 11 de abril fue, ante todo, una declaración de intenciones: este es su momento. Desde el arranque, quedó claro que venía a presentar Más Cara sin rodeos, encadenando hasta seis canciones seguidas del nuevo disco al inicio y marcando el tono de un concierto que miró más hacia adelante que hacia atrás. Ella misma lo dijo: «Yo siempre miro hacia el futuro»

El show, dividido en varios actos, apostó por una estética de lujo y exceso, pero sin grandes artificios técnicos. El escenario, de hecho, jugó un papel secundario: todo el foco estaba en ella, en su presencia y en un cuerpo de 12 bailarines que sostuvo gran parte del espectáculo. Entre coreografías, poses y twerking, Bad Gyal construyó un directo que se movió entre la fiesta constante y una actitud casi distante, pero siempre magnética.

Musicalmente, el concierto giró en torno a los sonidos urbanos, el dancehall y el afrobeat que definen esta nueva etapa. Temas como Da Me, Choque o La iniciativa fueron coreados por un público entregado desde el minuto uno, confirmando que esta era una noche pensada para celebrar su presente más ambicioso.

Entre la nostalgia puntual y el himno final

Aunque el setlist estuvo claramente dominado por Más Cara, hubo espacio para mirar atrás, aunque fuera de forma breve. Se echó de menos una mayor presencia de sus primeras etapas, pero el gran guiño y uno de los grandes momentos de la noche llegó cuando cantó un fragmento de Pai, su primera canción, una cover en catalán de Work de Rihanna y Drake, justo cuando dijo que se cumplían diez años de su lanzamiento.

El ritmo del concierto no fue siempre uniforme. En algunos tramos, sobre todo en las canciones más lentas del nuevo álbum, la energía bajó ligeramente. Aun así, esos momentos encontraron su propio lenguaje: en De To, por ejemplo, el público iluminó el recinto con linternas, transformando el Movistar Arena en una escena íntima que contrastaba con el tono explícito real de la canción.

Cuando le llegó el turno a algunas canciones de La Joia, el ambiente volvió a encenderse. Temas como Perdió Este Culo, Chulo pt.2 o La Que No Se Mueva devolvieron el baile y la intensidad a la pista, recordando por qué Bad Gyal se ha convertido en una figura clave del pop urbano en España.

Otros de los momentos más celebrados de la noche llegaron con algunos de sus temas más icónicos, como Blin Blin, Flow 2000 o Zorra, coreados por un público completamente entregado. Sin embargo, estas canciones aparecieron en versiones recortadas, cortándose tras el primer estribillo, lo que rompió ligeramente la dinámica justo cuando la energía alcanzaba su punto álgido. Se echó en falta un mayor desarrollo de estos temas, especialmente teniendo en cuenta la respuesta del público, que estaba en uno de sus momentos más altos.

El cierre no podía ser otro. Fiebre, ya asumido como un himno generacional e incluso nacional por muchos, puso el broche final con una imagen tan inesperada como tierna: dos niñas fans sobre el escenario junto a ella cantaron y bailaron la canción, sobre todo la más mayor de las dos. Alba lo explicó con naturalidad: tiene gran debilidad por las niñas pequeñas y ella misma soñaba con algo así cuando era pequeña. Y en ese contraste, entre el exceso, la actitud y ese momento casi inocente, se resumió todo el concierto.

Bad Gyal no necesitó grandes fuegos artificiales para dominar el Movistar Arena. Le bastó con ser exactamente lo que es ahora mismo: una estrella en pleno control de su narrativa.

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