Damiano David es de esas pocas estrellas que han logrado dos cosas: triunfar después de Eurovisión y, además, desligarse de su banda para trazar un camino en solitario completamente independiente. Parece fácil, pero las comparaciones siempre están ahí.
El pasado 22 de septiembre, el fenómeno italiano del momento, integrante de Måneskin, llenó el Movistar Arena de Madrid con su Funny Little Fears Tour, donde presentó su debut en solitario. Durante hora y media emocionó, conmovió, e hizo saltar y gritar de euforia a un público totalmente entregado.
Pasar de ser un chico performático, líder de una “teen band”, a un artista más maduro, tanto en lo personal como en lo musical, no es tarea sencilla. Damiano ha demostrado saber hacerlo con solvencia.
Minimalismo y magnetismo en el escenario
El show abrió con su mayor éxito en solitario, Born With a Broken Heart, un tema pop que pronto despertó comparaciones con Harry Styles, tanto por el sonido como por el estilo que adoptó. Se quitó el cuero y el maquillaje para ponerse un traje. El inicio fue más sobrio, quizá echándose en falta algo de performance, especialmente porque en el videoclip aparece bailando. Sobre el escenario solo estaban él, su banda y su voz imponente.
A continuación sonaron las potentes The First Time, donde dejó al público boquiabierto, y Cinnamon, con la que abrió preguntándonos si nos gustaba el rock, ese género que dio por “muerto” en Mars. Su voz grabada ya es una de las más reconocibles del panorama masculino actual, pero escucharla en directo es otro nivel. Por mucho pop que haga, siempre guarda algo de rock en su ADN.
Durante el concierto se movió por todo el escenario con naturalidad: sin coreografías ni gestos ensayados, pero magnético en cada movimiento. La escenografía era mínima: solo un gran letrero con su nombre y pantallas laterales que mostraban cada detalle de sus tatuajes. Sin grandes efectos ni artificios, el instrumento más valioso en escena era él mismo y su grandiosa voz.
El público empezó a estar más eufórico cuando Damiano se empezó a desnudar quitándose la camiseta, y eso que la media de edad tiraba más hacia los 30 años que a la edad del pavo. Si hubo algún desmayo, podemos comprenderlo.

Covers que hizo propias
A mitad del show confesó su admiración por Álvaro (Guitarricadelafuente). Dijo que escribe de forma brillante y que adora su música, tanto que hasta lo lleva tatuado. Acto seguido ofreció una versión muy personal de Guantanamera, tan íntima como mágica. También interpretó Si No Estás de Íñigo Quintero, con un español prácticamente perfecto. Y sumó dos covers más: el hitazo Nothing Breaks Like a Heart de Miley Cyrus y Mark Ronson, y Sex on Fire de Kings of Leon, como si el ambiente no estuviera ya suficientemente “on fire”.
Estas interpretaciones demostraron la versatilidad de Damiano: aunque no se saliese del rango pop, su voz eleva cualquier canción, hasta el punto de que daban ganas de escuchar un concierto entero solo de versiones en su voz.
Un futuro propio, sin indicios de Måneskin
Hacia el final, explicó también en un español casi impecable que había vivido diez años frenéticos y divertidos, sin mencionar directamente a Måneskin, pero que esa vida no lo hacía feliz. Un día hizo clic y entendió que necesitaba parar y escribir su propia música. Contó que Mars habla de su historia de amor con Dove Cameron, a quien enfocaron las cámaras en un par de ocasiones, y de un futuro apocalíptico en el que los humanos viajan a Marte, como propone Elon Musk, a quien lanzó un claro “fuck Elon Musk”. Él, en cambio, prefiere quedarse en la Tierra disfrutando del tiempo junto a la persona que ama.
Damiano David ha sabido desligarse del sonido de su banda y construir un camino propio, más comercial que el de Måneskin, pero igualmente funcional y exitoso. Lo más importante: ha demostrado que sobre el escenario no hay quien lo detenga. Sin artificios, sin efectos ni coreografías, concentra toda la atención en lo esencial: su show y su voz, impecable en cada nota. Y el público lo seguirá, sea cual sea el rumbo que decida tomar.





