Belén Aguilera ha estrenado su tercer álbum de estudio, Anela, el pasado 12 de septiembre, coincidiendo con su 30º cumpleaños. Una fecha simbólica y hasta un poco romantizable: ese final de verano en el que uno puede ponerse melancólico pensando en lo que se acaba o feliz recordando lo que se ha vivido.
El concepto detrás de Anela
Anela es el acrónimo de “Aunque No Exista La Arcadia”, una frase de la última canción de cierre y que expresa la felicidad en el ahora y no en la búsqueda del deseo constante. Estamos ante un álbum conceptual que abre la puerta a un universo distinto, surrealista, abstracto y casi onírico. Aguilera vuelve a situar esas reflexiones necesarias, y muchas veces emocionantes, sobre la salud mental en un terreno cercano a la pista de baile, como ya demostró en SUPERPOP en 2022 con INTELIGENCIA EMOCIONAL. Aquí no hay excepción.
Ópera pop con raíces de todas sus etapas
El punto fuerte del disco son, sin duda, sus letras. Belén Aguilera siempre ha destacado como compositora, pero en Anela da un paso más allá. El arranque con Nacer para morir remite directamente a una de sus grandes influencias, Lana del Rey, y pone las cartas sobre la mesa: contradicciones entre la fachada de felicidad y el vacío interior, el miedo a perder lo que se persigue, la fragilidad de una vida que se escapa, y la necesidad de vínculos reales que le den sentido al trayecto. Una declaración de que este va a ser, sobre todo, un disco de letras.
A lo largo del álbum encontramos una mezcla orgánica de todas las etapas de Belén Aguilera. No faltan las baladas al piano, como Cómo puedo volver, que evocan a la Belén de sus inicios; tampoco los efectos vocales de Salvamento o Ahora que estoy bien, ni la faceta más electrónica, ya explorada en METANOIA, que aquí resurge en temas como Ático. Anela reúne lo mejor de cada una de sus etapas, pero lo hace desde un lugar innovador, casi operístico. Y sí, esta vez sí podemos hablar de una auténtica ópera pop, con guiños incluso a El fantasma de la ópera en Laberinto, y no de un simple experimento a lo Something Beautiful de Miley Cyrus.
La voz de Aguilera brilla, como siempre: canta bien, alcanza notas altas y sabe explotarlas. Eso sí, a veces cae en el exceso de los agudos y la dicción se resiente. No siempre es fácil entender lo que dice a la primera escucha, y ese es quizá el único punto débil que se le puede señalar.
La metamorfosis pop de Belén Aguilera
El cierre llega con Ahora que estoy bien, un corte medio electrónico-ambiental que condensa el mensaje final: aceptación y sanación. Un tema que envuelve al oyente en un clima introspectivo que, lejos de buscar el dramatismo, transmite serenidad. Es la pieza que mejor resume la propuesta de Anela: aceptar lo vivido, abrazar las cicatrices y encontrar en ellas un lugar de sanación.
Con Anela, Belén Aguilera se reinventa y se transforma. Puede que las canciones no tengan el nivel de “hit” inmediato de Superpop o METANOIA, algo que quizá eche atrás a los oídos menos curiosos, pero lo que ofrecen a cambio es una madurez artística y una calidad conceptual que superan a sus trabajos anteriores.





