Tras un éxito tan grande como Messy, es normal que todo el mundo esté pendiente del siguiente paso de Lola Young. No es fácil llegar con un álbum nuevo en ese contexto. I’m Only F**king Myself no busca repetir un éxito como lo que ha sido Messy, sino abrir una válvula de escape y soltar lo que pesa.
Un álbum para desahogarse
El disco funciona como desahogo, con canciones que nacen de la furia, de soltar y decir las cosas tal cual. Lola escribe como si estuviera cantando su diario, directa, a veces con humor, y otras con dureza. Esa inmediatez hace que muchos temas suenen casi improvisados, como si estuvieran ocurriendo en el momento.
La voz y el tono de Lola (también acompañado de ese acento británico tan marcado) hacen que este álbum suene agresivo, pero es que justo esa es la intención. Y aunque el álbum en su conjunto quizá pide más distinción en algunos momentos, suena lógico con el background de la artista y el momento en el que llega.
¿Ha cumplido expectativas? ¿One hit wonder?
Si medimos solo por singles masivos, puede parecer que no cumple, pero es que este álbum no va de eso. Lola no ha querido lanzar otro Messy, sino que ha creado un proyecto que sirve como desahogo, para vaciarse y pasar página.
¿Es Lola Young una one hit wonder? Puede parecerlo si hablamos únicamente de hits de radio, pero como propuesta, no. El disco apuesta más por una identidad y un carácter bien definidos antes que por un estribillo fácil.





