Florence publicó este disco en Halloween y desde el primer minuto se nota que todo nace de una historia dura que ella ha contado en primera persona, un embarazo ectópico y una operación de urgencia que le cambiaron el cuerpo y la cabeza, y a partir de ahí convierte el miedo y la tristeza en canciones que sirven para respirar hondo, gritar y quedarse más ligera cuando termina.
Brujas, fe y rituales como lenguaje del dolor
La canción que da título, Everybody Scream, ya marcaba ese espíritu de desahogo colectivo que atraviesa todo el álbum. Aquí el centro es el cuerpo y lo que pasa cuando se rompe y vuelve a levantarse. Para contarlo, no entra en detalles médicos, sino que habla con un imaginario de brujas, religiones, pequeñas oraciones y noches que parecen rituales en los que se canta para expulsar lo que pesa y recuperar fuerzas. Y todo eso se escucha muy claro en prácticamente todas las canciones, como Witch Dance, The Old Religion o Drink Deep, donde usa ese lenguaje místico para ordenar el dolor y convertirlo en algo que te empuja hacia delante.
Por eso muchas canciones se sienten largas y con repeticiones, porque la idea es ir soltando poco a poco y construir la catarsis con paciencia, y así el álbum funciona más como un único viaje con un mismo ambiente oscuro. Es muy cohesivo y te mete en su clima, aunque no sea lo más digerible a la primera.
Una cohesión oscura que pide paciencia
Musicalmente es un disco directo y rockero con batería, guitarras, y sin perder ese punto teatral de Florence pero sonando más cruda. Los estribillos no buscan el golpe inmediato y los arreglos dejan espacio para que la voz crezca, y por eso los clímax llegan tarde y cuando llegan, pegan fuerte. En varias canciones se nota esa mezcla entre furia y ternura que sostiene todo el álbum, desde la energía casi ritual de Everybody Scream hasta la marea oscura de Kraken. El álbum finaliza de una forma muy buena con And Love, de una forma más calmada, en busca de la paz después de la gran tormenta.
Everybody Scream no es un disco de consumo rápido, es un desahogo pensado para escucharlo del tirón, un trabajo oscuro y muy unido que encaja con lo que ella necesitaba decir, y que puede costar al principio si buscas inmediatez pero que funciona cuando le inviertes tiempo, porque convierte un susto real en una música que te acompaña.





