Lady Gaga es un icono del pop y de la música, eso es innegable, y con The MAYHEM Ball lo sigue reafirmando. Los pasados 28, 29 y 31 de octubre visitó Barcelona, y afortunados quienes pudieron compartir la última fecha, siendo Halloween, con ella. Una experiencia canónica en las vidas de los asistentes, seguro.
Su espectáculo más teatral y barroco
Este es el show más teatral, operístico e incluso palaciego de Lady Gaga hasta la fecha. No es un escenario de concierto tradicional, sino algo mucho más grande, casi una ópera pop y barroca.
El espectáculo empieza con un escenario enorme en el que hay un gran arco central que da la sensación de estar frente a un vestíbulo de ópera o un coliseo interno. A esto súmale una calavera giratoria gigante, una góndola veneciana, un ataúd con tierra del que salía ella misma y todo un ejército de gente en el escenario: su banda y casi 20 bailarines. Una superproducción al nivel de una superestrella.

Un inicio descomunal
El inicio fue brutal, empezando con Bloody Mary, seguida por una de las canciones del año, Abracadabra. Después vinieron Judas, la potente Aura y Scheiße. Era un no parar. Cada hit más potente que el anterior. Imposible no moverse, gritar o sudar.
Afortunados quienes llegaron al tour sin hacerse spoiler de este inicio, aunque era casi imposible, teniendo en cuenta que ya lo había recreado en sus conciertos pre-tour, Gagachella y Gagacabana.

Mucho MAYHEM y muchos hits
Su último trabajo, MAYHEM, uno de los mejores álbumes del año, se presentó casi al completo, exceptuando Don’t Call Tonight y la balada Blade of Grass, que tampoco se echaron en falta.
Lady Gaga tiró de clásicos para el resto del concierto, acertando de lleno con toda la selección. Sus “pequeños monstruos”, como bien dijo en español, enloquecieron con Applause, recuperando así canciones del querido ARTPOP, ese disco incomprendido que le fue tan mal en 2014 y que no cantaba en directo desde entonces.
No faltaron el himno queer por excelencia Born This Way, la batalla en un tablero de ajedrez con Mistress of Mayhem en un suelo iluminado cantando Poker Face, o la emotividad de Alejandro y Paparazzi, donde lució un vestido de cola iluminada gigante con la bandera LGTBQ+ que recorría toda la pasarela.
Es difícil resumir casi 20 años de hits en dos horas y media, aunque sí se echó de menos que algunas canciones como Applause o Just Dance no estuviesen tan recortadas. Aun así, el fan service se sirvió bien servido.
Baladas, emociones y rarezas
Los únicos momentos algo más tranquilos llegaron con algunas del nuevo disco: la balada The Best, LoveDrug o el bonus track Kill for Love. El resto fue un no parar.
Shallow, interpretada en la góndola veneciana junto a Mistress of Mayhem, fue uno de los momentos más emotivos de la noche, junto a una de las grandes baladas de los últimos años, el grandioso hit Die With a Smile, que cantó al piano.
A esta parte más acústica se sumaron dos canciones sorpresa, un detalle pensado para los fans más fieles. El día 28 sonaron Dance in the Dark, de The Fame Monster, y Come to Mama, de Joanne.
Un cierre de película
Lady Gaga se despidió de una forma preciosa y hasta romántica. En Vanish Into You bajó junto al público, saludó, firmó discos y se acercó a sus little monsters, antes de rematar con un final teatral y apoteósico con Bad Romance, uno de sus grandes himnos.
Y cuando algunas personas ya empezaban a irse, el show aún no había terminado. Gaga se desmaquilló, se puso ropa más cómoda y volvió para cantar How Bad Do U Want Me recorriendo el pasillo desde el camerino hasta el escenario, mostrando así su lado más humano y cercano. Un final inmejorable, tan caótico como tierno, haciendo justicia al título del tour y del disco.
Como broche final, la canción sorpresa que cambia cada noche. La primera noche en Barcelona sonó Perfect Illusion, de Joanne. La sorpresa fue enorme, y la energía del público se disparó como si el concierto no quisiera terminar nunca.
Este show es de esos que ves y piensas: “he sido afortunado de estar aquí, lo recordaré dentro de 30 años”. Y Lady Gaga, brillante como siempre, o incluso más, demostró de nuevo ser una artista total: canta, baila, toca el piano, la guitarra y mantiene un espectáculo de más de dos horas con la energía por las nubes. Sus pequeños monstruos siguen recuperándose días después, y no nos extraña ni lo más mínimo.





