Gracie Abrams se enfrenta a todas sus versiones en «Daughter from Hell»

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Gracie Abrams publica su tercer álbum después del enorme éxito de su anterior disco, The Secret of Us. Sin embargo, en lugar de intentar repetir su fórmula más comercial, en Daughter from Hell se adentra todavía más en sus propios pensamientos y en sonidos más folk.

¿De qué trata Daughter from Hell?

El título del álbum nace de Daughter from Hell, la canción que Gracie dedica a su madre, Katie McGrath. En ella mira hacia su adolescencia y se disculpa por lo complicada que fue durante aquellos años. La propia artista ha contado que fue muy dura con sus padres, que mentía, se escapaba de casa y llegó a ponerse en situaciones peligrosas. Ahora su relación con su madre es completamente distinta y la canción funciona como una disculpa, una carta de agradecimiento y una forma de reconocer todo aquello que entonces no supo valorar.

Pero el disco entero no trata sobre su madre. Bajo ese título se reúnen las distintas versiones que han existido de Gracie: la adolescente caótica, la artista agotada después de años de giras y la adulta que ha conseguido prácticamente todo lo que quería, pero que sigue sintiéndose perdida en muchos momentos.

Mientras que The Secret of Us tenía un punto mucho más diarístico y sonaba casi como una conversación con una amiga, Daughter from Hell se siente más profundo y terapéutico. Gracie ya no se limita a contar lo que le han hecho los demás, también se cuestiona sus propias decisiones, sus contradicciones y la parte de responsabilidad que tiene en algunas de sus heridas.

El dolor y el desamor aparecen en canciones como The Knife o Broke My Heart. También encontramos relaciones más complicadas en Death Wish, inspirada realmente por una amiga que estaba saliendo con una persona narcisista, o en Good Reason, donde se pregunta por qué el amor y la estabilidad no siempre son suficientes para querer quedarse. La ansiedad, las inseguridades y las dudas están muy presentes en Minibar y What If It’s Right?, esta última junto a Marcus Mumford.

Las letras vuelven a ser uno de los puntos fuertes de Gracie, muy metafóricas, convirtiendo ese dolor emocional en imágenes mucho más físicas con cuchillos, heridas, fuego, sangre o accidentes que recorren el álbum y le dan un tono bastante más oscuro.

Un sonido más folk que también acaba jugando en su contra

En lo musical, Daughter from Hell se acerca mucho más al folk. Aaron Dessner (conocido también por trabajar junto a Taylor Swift en folklore y evermore) vuelve a tener un papel fundamental en la producción y construye el álbum alrededor de guitarras acústicas, percusiones suaves y elementos orgánicos.

Las canciones se toman su tiempo. Muchas comienzan de manera contenida, pero van añadiendo elementos poco a poco y crean una atmósfera que termina explotando en su tramo final. Es uno de los mayores aciertos del disco, incluso cuando aparentemente está ocurriendo poco, siempre existe la sensación de que la canción está avanzando hacia algún sitio.

También hay momentos más cercanos al pop, como Hit the Wall o Look at My Life, que aportan algo más de ritmo y ayudan a romper con el tono contemplativo del resto del álbum. Aun así, la mayor parte del proyecto permanece dentro de un mismo mundo folk, íntimo y melancólico.

El problema aparece al acercarse a la mitad del disco. La producción es coherente y mantiene muy bien la atmósfera, pero hay muy poca diferenciación entre algunas canciones. Comparten estructuras, instrumentos, ritmos y formas de crecer tan parecidas que llega un momento en el que cuesta distinguirlas y mantener la atención durante toda la escucha.

No hay realmente canciones malas. Hay varias muy buenas y algunos de los mejores momentos de la carrera de Gracie, pero en otras cuesta más adentrarse porque esa falta de variedad termina volviendo el álbum demasiado monótono.

Daughter from Hell es probablemente el disco más maduro y cohesionado de Gracie Abrams, pero esa misma cohesión hace que a veces juegue en su contra. Un álbum cuidado, profundo y lleno de buenas ideas, pero al que le habría venido bien algo más de contraste.

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